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viernes, 4 de enero de 2008

LA CIENCIA DE LAS CIENCIAS

HASTA hace relativamente poco tiempo la filosofía tenía como uno de sus objetivos construir una imagen coherente del mundo, una suma de las ciencias en un conocimiento general que las abarcara. Pero se estableció una carrera desigual, como la de Aquiles y la tortuga, en la que el conocimiento científico se hizo demasiado vasto y la filosofía encontró excesiva la tarea de coordinarlo, por lo que se retiró de la frontera, refugiándose en temas cada vez más estrechos. Lo que empezó a quedar fue el especialista científico que sabía cada vez más y más de menos y menos, o el especulador filosófico que sabía cada vez menos y menos de más y más. Los hechos remplazaron a la comprensión y el conocimiento explotó en fragmentos que no podían generar sabiduría, por lo que hubimos de contentarnos, en el mejor de los casos, con la erudición. La brecha entre la vida y el conocimiento se hizo cada vez más honda, de tal manera que enmedio de un aprendizaje inmenso floreció la ignorancia.
Estas inquietantes ideas fueron expresadas en 1952 por Will Durant en el prefacio a la segunda edición de su Historia de la filosofía. Probablemente pocos filósofos y científicos se adhieran a ellas hoy. Sin embargo, es probablemente cierto que la filosofía como la practicaban Platón, Spinoza, Kant o Nietzsche tenga menos posibilidades de desarrollarse ahora que antaño. La filosofía académica de las universidades es una actividad cada vez menos unificada y más especializada, sin que por ello carezca de interés. Muchos de los filósofos se dedican a comentar a los clásicos o a otros pensadores; algunos más son epistemólogos o filósofos de la ciencia y se abocan a analizar los métodos y las teorías de la ciencia desde un punto de vista lógico y conceptual. Muchos batallan con el lenguaje, su estructura, su pertinencia para abordar problemas del conocimiento, sean sociales, éticos o científicos. La mayoría milita en facciones que se ven con recelo: hay filósofos analíticos, materialistas dialécticos, fenomenólogos, estructuralistas, deconstruccionistas. Los ontólogos y metafísicos, aquéllos que tratan de abordar la esencia de las cosas, el ser mismo, son cada vez menos. Varios se avergüenzan del pasado especulativo y se acercan a los científicos, a las computadoras o tratan de poner en lenguaje matemático las proposiciones. Estas empresas son intelectualmente fascinantes y tienen un lugar indudable en el mundo del conocimiento. Sin embargo, cabe preguntarse si quedará algún lugar para aquella filosofía entendida como "el amor al conocimiento" y que es, como es bien sabido, la etimología de la palabra. Yo creo que ese lugar no sólo debe preservarse sino ampliarse, entre otras razones porque puede llegar a desempeñar un papel central en la posible integración de la ciencia con las artes y la sabiduría.
La disyuntiva entre la filosofía académica actual y el antiguo amor a la sabiduría consiste sencillamente en el dominio del conocimiento que cultivan. La filosofía académica se aboca a problemas concretos con una metodología lógica y argumentativa cada vez más rigurosa. Tiene, quizás, menos que ver con las cuestiones que preocupaban a los grandes filósofos del ser, la esencia, el cómo vivir, en qué creer y por qué. Más que pretender erigir un sistema explicativo, lógico y crítico general se aboca al análisis de parcelas o de problemas teóricos muy puntuales y casi empíricos, como el significado, la creencia o el libre albedrío. Algunos consideran que los problemas metafísicos clásicos son estériles, ininteligibles o bien que no se pueden abordar con la herramienta fundamental del filósofo, es decir, con el lenguaje de la lógica. Uno de los grandes filósofos de este siglo es en buena parte responsable de esto, el austriaco-inglés Ludwig Wittgenstein (1889-1951). Y sin embargo, este hombre era, a todas luces, un filósofo a la vieja usanza, un buscador de la verdad dotado de una mente lúcida y penetrante. No es un pensador fácil de entender y existen varias interpretaciones de lo que dijo. Lo que demostró sin duda alguna es la limitación del lenguaje para referirse a cuestiones metafísicas, pero no por ello consideró que las cuestiones mismas debieran ser arrojadas por la borda, ya que en toda su obra se transparenta la noción de que existen diversos modos de entender y de conocer, y de ellos sólo algunos son formas de pensamiento que puedan ser expresables en lenguaje. Es así que, a pesar de las críticas externas y de la división interna de la filosofía académica moderna, el amor a la sabiduría ha dado grandes frutos en nuestro siglo. Hemos mencionado a Wittgenstein. Podríamos agregar a varios más: Bertrand Russell, Alfred Whitehead, Miguel de Unamuno, Paul Tillich, Martin Heidegger y Teilhard de Chardin.
También han florecido grandes escuelas del pensamiento. Por ejemplo, los grandes físicos que revolucionaron la ciencia en los años veinte incursionaron en la metafísica y enriquecieron, al relativizarlas, las nociones de espacio, tiempo y materia. Otra escuela de gran trascendencia sapiencial es el existencialismo y tiene poco que ver con la imagen que se popularizó a mediados de siglo de intelectuales lánguidos y desesperanzados oyendo cantar a Edith Piaf. El valor de vivir en un mundo incierto, el énfasis en la esencia del hombre como un devenir en ese mundo, como un existir, la duda permanente y sistemática, el valor absoluto de cada ser humano, el ser como esencia y la fenomenología como método de conocimiento, han sido nociones de enorme importancia no sólo intelectual sino vital para muchos de nosotros. De hecho, varios de los filósofos llamados existencialistas merecerían el título de sabios.
Uno de ellos, el pensador alemán Karl Jaspers (1883-1969), es un ejemplo del filósofo amante de la verdad y buscador incansable de la sabiduría. Jaspers nos ha enseñado cómo cualquier persona puede adquirir la verdad filosófica mediante la reflexión metódica y el compromiso vital. "Ser filósofo", puntualizaba aún antes y en el mismo sentido Henry David Thoreau, "no es simplemente tener pensamientos sutiles, ni fundar una escuela, sino amar la sabiduría tanto como vivir, de acuerdo con sus dictados, una vida de simplicidad, independencia, magnanimidad y confianza".
El cultivo de la sabiduría es, entonces, un mundo distinto de la filosofía académica, si bien algunos de sus miembros, junto con muchos otros seres humanos, puedan desarrollarla. Las características de esa filosofía son, según Jaspers, el tratar de ver la realidad en sí misma mediante la reflexión profunda y el diálogo con uno mismo, abrirnos a la vastedad que nos circunda y osar comunicarla en espíritu de la verdad, mantener despierta la razón, con paciencia y sin cesar, incluso ante lo más extraño. La filosofía es aquella autorreflexión mediante la cual el ser humano llega a ser él mismo al hacerse partícipe de la realidad. Son estos conceptos asombrosos que sacuden nuestro ser por su coraje y esperanza.
La filosofía concebida como amor a la sabiduría sigue siendo un faro de luz que nos orienta al iluminar las oscuras y turbulentas aguas que surcamos.

EL DIÁLOGO CORDIAL
Hacia 1968, cuando empezaba a hacer investigación experimental, una llamada distinta de la ciencia me embelesaba de lejos: la de la filosofía. Era una voz más prometedora aún que hablaba de conocimientos más profundos y certeros, de una forma de vida, de un potencial indefinido.
Una vez tomé una decisión precipitada. Salí de mi laboratorio en la UNAM y me dirigí a la Facultad de Filosofía y Letras con pasos firmes. Al llegar pregunté a un alumno aparentemente enterado quién era el mejor maestro de filosofía. Me preguntó, un tanto divertido, que de cuál materia, y después de un momento de duda le dije "de metafísica", porque suponía que era la esencia misma de la filosofía. Me respondió rápidamente con un nombre: Eduardo Nicol. Me cercioré de los horarios de sus clases y me metí a escuchar alguna. Un hombre menudo, impecablemente vestido, disertó una hora sobre el ser, escribiendo en griego y de memoria a Platón. Poco entendí, pero su actitud me parecía inequívoca: se trataba de un filósofo, de un explorador de la verdad.
La inquietud fue madurando en un proyecto: tomaría a la filosofía como una compañera de camino. De esta suerte empecé a cultivar algo de filosofía de la ciencia y a la larga me volví a encontrar con Nicol a través de su obra. Me sorprendí de la magnitud y profundidad de su labor. Me parecía un metafísico notable y, más aún, un pensador con el que me identificaba y que proporcionaba argumentos sólidos para sustentar mi propio trabajo, en particular sobre la relación entre la conducta, la biología y la mente.
A mediados de 1990 le hablé por teléfono con la excusa de pedirle su opinión sobre un manuscrito al respecto. Con inmensa amabilidad y a pesar de estar notoriamente débil me recibió varias veces en su casa. Charlamos interminablemente en un diálogo cordial que me abrió una vez más el panorama de la filosofía hacia horizontes eternamente cambiantes. Tuve el placer de llevarlos a él y a su esposa a la emotiva ceremonia con la que la UNAM y su rector rindieron homenaje a los académicos de la emigración española, de los cuales era Nicol el decano, y por lo que hubo de pronunciar el discurso de aceptación. La formalidad del acto no impidió que se nos llenaran los ojos de lágrimas a muchos cuando Nicol dijo: "somos mexicanos nacidos en 1939." Al final lo abracé enternecido. Poco después se desmayaba con un corazón agitado de impresiones. Hubo necesidad de llevado al Hospital de Cardiología y salió con bien ya que, según él mismo bromeó, tenía un buen corazón en los dos sentidos del término. Pero desafortunadamente le quedaba poco por andar a ese corazón.
Nacido en Cataluña en 1907, Eduardo Nicol se nos fue el 6 de mayo de 1991. En su vida y en su obra fue un heredero cabal de los filósofos griegos y como ellos cultivó fundamentalmente el logos. Alguna vez le pregunté ingenuamente qué significaba el logos, su respuesta fue inesperada: "la voz." La voz... Es decir, la palabra y la razón que la engendra, la voz que manifiesta, además del pensamiento, la individualidad y la emoción; la voz que constituye la expresión humana en todas sus modalidades: arte, filosofía, ciencia, poesía. Para Nicol la voz del hombre se expresa simbólicamente y el símbolo es el material que une a quien lo expresa y a quien lo recibe en ese diálogo que constituye la esencia de la comunidad humana. El símbolo, entonces, es vínculo, y el vínculo cultura. Es así que el hombre es el ser de la expresión, un ser cuya insuficiencia se compensa mediante el vínculo del diálogo (logos de dos). La ciencia es uno de esos diálogos ya que se basa en la intersubjetividad. La verdad que descubre la ciencia es objetiva porque es intersubjetiva. Es así que expresar para ser es la vocación más humana.
El ser de los metafísicos no es entonces para Nicol una esencia misteriosa y oculta, sino una expresión manifiesta: está a la vista a través de la voz, del logos. El hombre expresa su ser y al hacerlo lo transforma. Así, el ser no es eterno e inmutable; por el contrario, es cambiante, metabólico y proteico. En una palabra es histórico y es real, aunque no por eso pierde su misterio. La metafísica, como ciencia del ser, es ciencia del devenir ya que hablar del ser es hablar del tiempo. La reflexión filosófica, o sea la autoconciencia, es una conciencia histórica. El pasado queda así interiorizado y con ello el ser cambia y se enriquece.
La clave del cambio está en la gestación del acto, con lo cual el ser humano se crea a sí mismo a partir de lo que le es dado: su biología y su cultura. Tal creación es efecto y potencia de la libertad. La metafísica vuelve a tomar en Nicol su función fundamentadora y de principios generales. Es la ciencia de las ciencias. Estas son ideas fundamentales para la renovación de la fenomenología y de la dialéctica que edificara Nicol con su amplia obra.
Para el mediterráneo Nicol, el filósofo es un indagador de la verdad, que tiene, además, el compromiso de expresarla. Pero la verdad del hombre no es una idea de tesis, una simple teoría, sino una verdad existencial en la que se manifiesta la vida misma, la realidad de verdad. De esta manera la filosofía es vocación de la vida y tiene el cometido de transformar al mundo formando al individuo. Para esto se requiere que razón y emoción estén vinculados como lo están el entendimiento y el sentimiento en las primeras expresiones líricas del mundo. La filosofía, lo mismo que el arte y la ciencia, es una forma de ser. La autenticidad se alcanza con el própoito, en la fidelidad a la verdad y la recta dirección de la palabra. Es así que la filosofía logra alterar a fondo la existencia humana: pensar el ser es cambiar el mundo, notable tesis en la que se funden lo individual y lo social. La meditación profunda nos transforma y al expresarnos desde ese centro cambiamos la historia.
Es así que con el mexicano Nicol me encuentro cara a cara con aquella intuición de una filosofía que me embelesaba de estudiante con grandes promesas. A mi entender Nicol está emparentado directamente y gracias a 2500 años de cultura mediterránea, con uno de los primeros y más inquietantes filósofos de la humanidad, con Heráclito de Efeso, el del logos original, para quien el proceso cósmico era análogo al poder de la razón humana y cuya manifestación es la unión de los contrarios.
El verdadero maestro, decía el catalán Nicol, no es aquel cuyas ideas vamos a retener o con quien venimos a coincidir. Maestro es quien nos obliga a detenernos en su obra reflexivamente y luego nos impulsa. Le guardamos fidelidad en la medida en que el impulso nos separa de él. El movimiento es el de la gestación y no el de la conclusión. Muchos de nosotros hemos de agradecer ahora y en el futuro el impulso de Eduardo Nicol.
Por mi parte, además, mantengo con él un diálogo cordial, un amoroso logos de dos.

LA DUDOSA FE Y EL SABER CERTERO
Paul Tillich (1886-1965), uno de los teólogos cristianos más destacados del siglo, estudió en la misma Facultad de Teología de la Universidad de Königsberg, donde enseñara Kant, y en la Universidad de Halle. La libertad de pensamiento de estas venerables instituciones dejaría en él una huella permanente que lo llevó a rechazar toda rigidez en el luteranismo sin renunciar a sus fundamentos cristianos. Consecuente con esa huella, Tillich fue el primer académico alemán no judío cesado por sus críticas a Hitler y al movimiento nazi. Emigró a Estados Unidos donde fue profesor de teología en las universidades de Harvard y Chicago.
Tillich era un teólogo revolucionario: rechazaba la idea de un dios antropomórfico y personal, dudaba de la posibilidad de analizar lógicamente la misión espiritual del ser humano y reformuló la fe en términos que interesan a todos, científicos, agnósticos y ateos incluidos. Dos de sus libros trascendieron el ámbito religioso y fueron ampliamente comentados: El valor de ser (1952) y La dinámica de la fe (1957). Comento algunas ideas del segundo libro que sacuden las formidables barreras que han separado tradicionalmente a la religión y a la ciencia, entendidas ambas como actividades humanas y no como instituciones.
Lejos de ser una creencia justificada por la autoridad o la tradición, para Tillich la fe es un estado de preocupación fundamental sobre las cuestiones que interesan centralmente al ser humano. Tal preocupación, una vez adquirida, produce una demanda de tal magnitud que en ella se centra la personalidad toda —emoción, pensamiento y voluntad— en un acto deliberado. De esta forma la fe se desarrolla en un terreno de libertad personal que trasciende lo consciente y racional para emerger de lo trascendente que hay en el ser humano, de aquello que sobrepasa su experiencia. La pasión infinita con la que antaño se describía a la fe se convierte en una pasión por el infinito y se vuelve a la vez objetiva (aquello en lo que se tiene fe) y subjetiva (el acto central de estar fundamentalmente preocupado). Esta simultaneidad implica que al experimentar lo fundamental se rompe la barrera entre sujeto y objeto y que aquello que preocupa centralmente al ser humano se torna sagrado. Lo sagrado tiene un carácter ambiguo e incierto y aceptarlo constituye un acto de valentía. Lo sagrado se reafirma como el "misterio fascinante y terrible", según lo habría definido Rudolph Otto.
El valor de vivir consiste, entonces, en asumir la incertidumbre de la existencia, la incapacidad de encontrar respuestas finales que satisfagan plenamente nuestra búsqueda. En pocas palabras: la duda está implícita en la preocupación fundamental, en la fe.
En vista de esto y como la fe no admite autoridad final en las cuestiones fundamentales, resulta que los creyentes de las diversas iglesias que se contentan, sin cuestionarlas, con un conjunto de creencias inamovibles, son las personas que tienen menos fe, en tanto que muchos científicos, artistas o filósofos ateos o agnósticos, en su búsqueda de verdades trascendentales, han demostrado reiteradamente que tienen una fe intensa. Más aún, la fe no afirma ni niega nuestro conocimiento empírico y científico, el cual proporciona certezas más o menos sólidas sobre el mundo, engendra dudas lógicas y pone a prueba hipótesis y teorías. La fe produce certezas y nuevas dudas de índole vivencial y existencial que no versan sobre hechos o conclusiones. La duda de la fe tampoco es la del escéptico y que suele conducir al cinismo, a la desesperación o a la indiferencia. La duda de la fe es la que se percata de la incertidumbre de todo problema fundamental. Es, quizás, comparable a la actitud socrática de negar toda certeza final y de mantener toda cuestión abierta a nuevas evidencias sin importar su naturaleza. Esta incertidumbre sobre cuestiones centrales, como la existencia o naturaleza de Dios, la inmortalidad del alma, el significado de la vida, es lo que Miguel de Unamuno denominó el sentimiento trágico de la vida. Es así que no hay conflicto entre razón y fe; por el contrario, la razón proporciona herramientas para entender y manipular la realidad, en tanto que la fe da la dirección en la que los conocimientos deben ser usados.
Ahora bien, la fe se expresa en un medio social, en una comunidad donde adquiere el lenguaje que le es particular: el lenguaje del símbolo y del mito. El símbolo es aquel signo que, a diferencia de otros, participa directamente en aquello que apunta, como la bandera que participa de la dignidad de la nación que simboliza. El símbolo y el mito, como bien lo ha expresado Joseph Campbell, tienen una función de capital importancia: nos abren niveles de realidad nuevos, dimensiones inexploradas de nosotros mismos y señalan los temas esenciales. El símbolo no se puede producir conscientemente: nace, crece y muere en las culturas engendrado por la información en la que están inmersas. De esta manera Dios es un símbolo de la fe, como lo son los fundadores de las religiones y los santos que representan lo que es en realidad o lo que puede llegar a ser la criatura humana. En este contexto el sacramento toma un nuevo significado: en un punto concreto de la realidad y mediante un acto simbólico, la fe avizora el significado último de toda realidad.
Con estas poderosas premisas el conflicto entre ciencia y fe adquiere una nueva faz: aparece como un conflicto en el que ninguna de ambas actividades había tomado su lugar y dimensión de validez. Es así que los representantes de la Iglesia confundieron los símbolos ancestrales de la fe con la astronomía de Ptolomeo y reprimieron indebidamente a Galileo. De la misma manera los representantes de hoy confrontan estérilmente la letra bíblica con las hipótesis evolutivas. Asimismo, en el otro sentido, los descubrimientos de la ciencia no pueden apuntalar ni negar la fe; su dimensión de significado y su ámbito de conocimiento son otros. Por ejemplo, una demostración histórica de que Lao-Tsé, Cristo, Buda, Moisés o Mahoma no existieron, no implicaría cambio alguno en la fe concebida de esta manera.
Menos clara es, sin embargo, la distinción entre la verdad filosófica y la verdad de la fe, en particular cuando se habla de la filosofía en su acepción práctica de amor a la sabiduría. Si bien la filosofía utiliza argumentos y la fe símbolos, existe una clara intersección entre ambas actividades, terreno que Karl Jaspers denominó la fe filosófica y que Aldous Huxley concibió como la filosofía perenne: el área de convergencia y de intersección entre los sabios y los místicos de todas las épocas y culturas.
Hoy en día el ser humano se encuentra en un estado de enajenación de su propia naturaleza: su razón y su fe no son lo que debieran ser y se encuentran en conflicto. Para resolver tal enajenación es necesaria una revelación, entendida como una experiencia de preocupación fundamental y la única conversión posible es la de aquel que adquiere la preocupación y, con ello, la salud espiritual.
La vida de la fe conduce a la integración de la personalidad, es una vida de concentración en lo más trascendental de la existencia y en consecuencia es la fuerza que aglutina al pensamiento, la emoción y la voluntad.

LA EXPLORACIÓN ESPIRITUAL
La tajante separación entre ciencia y religión data de los inicios de la cultura europea del siglo XIII. Hasta ese momento la teología acomodaba, a veces con dificultades, la especulación filosófica y la práctica religiosa. Sin embargo, desde sus inicios, la filosofía natural surgió como una alternativa de explicación para los fenómenos de la naturaleza, con lo cual se instauró un doble estándar del conocimiento: las verdades accesibles por la razón y las verdades accesibles por la revelación. El doble estándar no siempre fue exitoso, en particular en las aciagas épocas de la Inquisición, cuando el celo de exclusividad cobró víctimas heroicas de entre las filas de los primeros científicos, como Miguel Servet. La relación entre ciencia y religión se hizo aún más tirante en los siglos siguientes, excepto, quizás, en el barroco, cuando Descartes, Spinoza o Leibniz hicieron un intento extraordinario de hacerlas compatibles a la luz de una especie de racionalismo místico que tuvo gran trascendencia filosófica pero que no logró reunir religión y ciencia. Es así que para finales del siglo pasado el divorcio era absoluto y continuaría, con algunas notorias excepciones, hasta la actualidad.
Algunas de estas excepciones, en particular varios de los mayores físicos de nuestra época, merecen algún comentario. Max Planck, por ejemplo, consideraba que la creencia en un Dios se veía respaldada por el hallazgo de que las partículas elementales se comportan de acuerdo con un conjunto de leyes fundamentales de la materia. Por su parte, Albert Einstein no veía conflicto entre la ciencia que busca lo que es y la religión que permite la evaluación del pensamiento y la conducta humanas. Einstein tenía una religiosidad cósmica según la cual el ser humano se asombra ante el orden del mundo y experimenta su existencia como una prisión que le impide participar de la significación total de ese mundo. Tal religiosidad se expresaría particularmente en el budismo, en San Francisco de Asís y en Spinoza.
Ciertamente Baruch Spinoza (1632-1677) propuso una imagen del cosmos particularmente compatible con una ciencia y una religiosidad abiertas e inquisitivas. La clave de esa imagen es la inmanencia de lo divino en el mundo. No se trata de un panteísmo grosero según el cual todo lo que existe es divino, sino de un mundo esencialmente complejo y múltiple que puede ser considerado como materia y como espíritu indistintamente. La propuesta contiene, entre otras cosas, una solución posible al problema mente-cuerpo, ya que el proceso corporal es físico y psíquico a la vez: el cuerpo vivo y en acción no es sólo materia ni sólo mente, es cuerpo-mente, una tesis desarrollada por el filósofo fenomenólogo y existencialista francés Maurice Merleau-Ponty. La materia, como diría el también espinoziano Teilhard de Chardin, está cargada de espíritu y la realidad última del mundo es ambigua y misteriosa.
Teilhard de Chardin (1881-1955) merece un comentario especial en el contexto de este libro y de este capítulo, ya que se trata de un hombre de ciencia, de un religioso y de un pensador que intentó amalgamar sus dispares intereses en una obra de gran aliento. Teilhard hizo importantes aportaciones geológicas y paleontológicas, en particular el descubrimiento del llamado "hombre de Pekín", la creación de la geobiología como una síntesis de la paleontología y la geografía, así como una larga labor sobre la ortogénesis, es decir, la convergencia evolutiva en particular del fenómeno de encefalización y evolución de la mente, a los cuales reunió en el concepto de noogénesis. Teilhard, convencido evolucionista, propuso en El fenómeno humano que la evolución tiene una direccionalidad: el incremento de la conciencia sobre la Tierra, desde un caldo de materia primordial (el alfa) hasta un punto de convergencia final, el punto omega, que simbólicamente corresponde a la segunda venida de Cristo. En forma similar a Spinoza, que fuera condenado tanto por teólogos judíos como cristianos, la obra de Teilhard fue objeto de prohibición y de ataques del Vaticano, y no se pudo publicar sino hasta después de su muerte.
Pero éstas son personalidades de alguna manera tangenciales al conflicto ciencia-religión y que, a pesar del interés y valor de su vida y obra, no lo han evitado ni abolido. En los tiempos que corren parecería que la religión flota en un vacío. Por un lado están los creyentes que niegan o desdeñan el valor de todas las enseñanzas ajenas al afirmar la absoluta e incuestionable verdad de la propia tradición. Para la mayoría de estos creyentes la ciencia constituye una amenaza que descartan con argumentos cada vez más endebles. Con todo ello su credo se aísla y anquilosa progresivamente. En el extremo opuesto está un número creciente de personas, entre las que se encuentra la gran mayoría de los científicos, que consideran a la religión como un vestigio irracional del pasado, lo cual comprueban precisamente con las actitudes caprichosas y hostiles de los creyentes. En último término aquéllos resultan también creyentes, usualmente de un cientificismo dogmático que pretende poseer la respuesta actual o potencial de todos los enigmas que confrontan al ser humano.
Entre estas dos actitudes se mueven los que podríamos denominar exploradores tambaleantes. Algunos de ellos mantienen de diversas formas la práctica de alguna religión pero cuestionan y critican, con base en evidencias científicas y filosóficas, muchos de sus fundamentos, credos y prácticas. Otros no se identifican con ninguna religión particular pero consideran que el mundo espiritual de la fe, del ritual y del símbolo contiene elementos profundamente humanos sin los cuales no es posible tener acceso a ciertos aspectos elevados del conocimiento, los cuales están cifrados en todas las religiones mayores y a los que también se puede tener acceso mediante la experiencia de todas las artes. Una nueva actitud parece irse conformando en esta búsqueda. Una actitud que bien puede evocar a Spinoza, Goethe, Thoreau, Einstein o Teilhard de Chardin como sus heraldos occidentales y al milenario budismo como una de sus expresiones más depuradas.
Algunos de los postulados de esta nueva espiritualidad serían los siguientes. La realidad final del Universo es profundamente misteriosa, ambigua y tan compleja que continuamente esquiva la capacidad de entendimiento de los seres humanos. Sin embargo, algo se puede ir diciendo sobre ella: se trata de una realidad a la vez actual y potencial, de un proceso enérgico, creativo e incesante. Esa realidad es tanto material como espiritual, sin que podamos establecer claramente la esencia de cada una ni la naturaleza de su conflujo. La metáfora, el mito y el símbolo son los medios que tiene la mente humana para aproximarse a ella. De hecho, tanto la ciencia como el arte pueden considerarse formas simbólicas de aproximación. El ritual actualiza mediante sus operaciones simbólicas la preocupación sobre esa realidad. La indagación y la preocupación, así como la práctica sistemática de la concentración, como está prescrita en los más diversos sistemas de contemplación, permite al ser humano un desarrollo progresivo en el entendimiento de tal realidad, el cual se manifiesta en la sabiduría. Es decir, el adelanto del entendimiento se hace posible mediante la aplicación y la ampliación de la conciencia.
Sin embargo, más que un estado final o una meta a la que se llega por vías misteriosas, esta religiosidad se caracterizaría por una indagación apasionada que denominamos espiritualidad. Se trata de un sendero que promete sacar a la persona del encierro de la existencia y, sin embargo, el camino mismo está regido por la incertidumbre. En esencia, el sendero está marcado por la búsqueda de una significación más honda, de una realidad que se nos oculta, del orden que instaure lo que se intuye como un estado primigenio. Es así que, además de incluir a la cognición y la emoción, el sendero implica el desarrollo de una voluntad y un comportamiento profundamente éticos y morales de acuerdo con una especie de ley natural o imperativo categórico sin la cual es imposible el avance. Esa significación, esa realidad, ese orden y esa ley vienen a ser la esencia misma de lo sagrado. Constituyen, en su unidad, el concepto central y la intersección de las grandes enseñanzas espirituales de la humanidad, como el Tao, el Dharma, la Torah, el Logos. El trato íntimo del ser humano con esa realidad trascendental que le es sagrada viene a ser la marca de la religiosidad, el origen etimológico de la palabra (religión = reunión) y se manifiesta en ocasiones sumamente trascendentales por la plenitud de la presencia del abismo.

EN POS DE SOFÍA
"Ah, si el viejo pudiera y el joven supiera", dice el dicho. Pero ¿qué sabe el viejo? Decimos que sabe por experiencia, que el vivir le ha enseñado. Y sin embargo, algunos aprenden de la vida y otros no. Aprenden quienes se abren al mundo, quienes están dispuestos a profundizar en sus vivencias, a darles significado, a modificarse de acuerdo con ellas. Este tipo de conocimiento es lo que denominamos sabiduría y es más importante para regir nuestros actos y dar sentido a la existencia que cualquier otra forma de saber. No es en vano que el atributo humano más apreciado en las civilizaciones clásicas de China, India, Egipto, Grecia o Mesoamérica fuese la sabiduría.
En efecto, algunos historiadores afirman que el siglo más trascendental en la historia del ser humano es el siglo VI a. C. cuando, de manera sincrónica en diversas partes del mundo se tendieron los cimientos de una nueva conciencia sobre los pilares de la sabiduría, ya no de la magia o del mito literal. Según George Woodcock la coexistencia de Heráclito y Tales en la Hélade, de Lao-Tsé y Confucio en China, de Zoroastro en Persia, de los profetas judíos del regreso del exilio en Judea, y del Buda en la India marcó una verdadera mutación sincrónica en el pensamiento humano, mutación que evoluciona hasta nuestros días. Repasemos someramente algunas de sus manifestaciones.
A partir de su establecimiento en el siglo sapiencial, se diseminó por toda Asia, incorporando al brahamanismo y después al taoísmo, una de las enseñanzas más depuradas de sabiduría humana: la doctrina del Buda Sídhartha Gautama. El énfasis en la forma práctica de obtener la plenitud mental, la concentración estable, la benevolencia y la vida virtuosa hace del budismo la enseñanza más aplicable en cualquier parte de forma independiente de la cultura, la historia y la religión locales.
Por su parte, la literatura sobre la sabiduría floreció en el Medio Oriente desde los tiempos de los faraones hasta Israel, teniendo allí como principal promotor al rey Salomón, sabio por antonomasia. Tal literatura era producida por sabios profesionales que fungían como consejeros en las cortes y se consagraban a emitir máximas sobre la manera de conducirse o sobre el sentido de la vida. La forma más común que tomaron estas máximas fue el proverbio, un aforismo basado en la experiencia y de aplicación universal. Muchos otros eran acertijos, alegorías y parábolas. Las instrucciones de tales máximas eran fundamentalmente de carácter moral, el atributo práctico esencial de toda sabiduría.
Al recorrer este camino la sabiduría hebrea se hizo profundamente religiosa y se plasmó en los libros bíblicos que alcanzaron los niveles literarios de la mayor exquisitez: los Proverbios, Job, El Eclesiastés y El cantar de los cantares. Allí se manifiesta que el significado de la vida y la ley de Dios no pueden ser revelados mediante el lenguaje común o el filosófico, sino tangencialmente sugeridos por la parábola y, en particular, descubiertos por cada quien mediante un esfuerzo continuo. De esta forma el destino del hombre depende de su acción responsable y de su discriminación. Job viene a ser uno de los más puros héroes míticos de la sabiduría. Su sufrimiento, más que físico, es la agonía de quien se siente perdido en la inmensidad de un universo al que no encuentra significado. Del conjunto de los libros sapienciales de la Biblia colegimos que sabio es aquel que paga los favores, no urde maldades, evita las disputas, la arrogancia, el engaño, el crimen y el adulterio, cumple sus promesas, se prepara para los tiempos difíciles, es prudente, busca el entendimiento, da la bienvenida a la instrucción y... evita considerar que es sabio.
Los griegos concebían a la sabiduría como la disciplina racional que permite dirigir de la mejor manera posible el comportamiento, es decir, como el vínculo entre la contemplación y el recto vivir. En efecto, los célebres siete sabios de la Grecia presocrática fueron quienes lograron expresar sabiduría en sentencias breves, prácticas y profundas, como el eterno "conócete a ti mismo" atribuido a Tales, el "preocúpate de las cosas importantes" de Solón, o aquel "no desear lo imposible" de Quilón. El gran filósofo de nuestro siglo, Ludwig Wittgenstein, calificaría sin duda como uno más de los sabios con la sola frase que cierra su famoso Tractatus: "De lo que no se puede hablar, lo mejor es callarse." También nuestra María Zambrano podría acceder a ese estrato con uno solo de sus conceptos fulminantes: "siempre es ahora."
Para Platón la sabiduría preside la acción virtuosa que se manifiesta particularmente como prudencia y justicia. Estos juicios fueron exaltados más tarde por los estoicos, quienes enfatizaron que el carácter fundamental de la sabiduría es la serenidad. Otro atributo más es la renuncia, destacada por Marco Aurelio y que implica que el hombre puede poner en orden su propio mundo interior y debe prescindir de las cosas externas, una recomendación ciertamente audaz proviniendo de un emperador romano. Más tarde el neoplatonismo subrayó un carácter más de la sabiduría: la conciencia, entendida como la facultad de mirarse a uno mismo. La tradición medio-oriental y griega de los sabios ha continuado de manera independiente en el desarrollo de las ramas místicas de las enseñanzas del libro: el hasidismo de la religión judía, el sufismo del Islam y las órdenes contemplativas de algunas tradiciones cristianas.
A pesar de estos gloriosos antecedentes, el interés en la sabiduría ha caído en desuso en nuestra época. Ya no es tema que concierna a la filosofía académica y su cultivo ha quedado al margen de la cultura imperante, con su énfasis en valores situados en un extremo opuesto. La palabra misma se ha vuelto tan ridícula como la de virtud, que le ha sido tan cercana. Ciertamente varios filósofos y pensadores de nuestro siglo han insistido en la filosofía en su acepción primaria y etimológica de amor a la sabiduría y lo han ejemplificado con su propia vida. A pesar de ello se han hecho pocos intentos de analizar el saber de la sabiduría en comparación con otros tipos de conocimiento.
En este sentido haré referencia a dos pensadores contemporáneos que la han abordado con decidido interés y claridad. Me refiero al teólogo protestante Paul Tillich y al filósofo mexicano Luis Villoro. En El eterno ahora Tillich afirma que la sabiduría engloba al conocimiento, la experiencia y la autoinspección, pero que no es cosa solamente del poder intelectual. La sabiduría es misteriosa, profunda y ambigua: está oculta y manifiesta, es creativa y destructiva. Más aún, sin la experiencia de un profundo asombro ante el misterio del mundo y de la vida no puede haber sabiduría. De tal experiencia emana una enseñanza elemental: la de los límites del ser. El sabio acepta sus límites y su caducidad, se percata de los parcos alcances de su saber y de sus actos. No hay mayor distorsión del significado de la sabiduría que suponer que entraña la ausencia de decisiones radicales, el frío aislamiento, el astuto compromiso para obtener ventajas o la solemnidad. Ninguno de los grandes sabios de la historia —piénsese, por ejemplo, en los forjadores de las grandes religiones, en algunos de los llamados "santos" o en algunos filósofos, artistas y científicos mayores— ha mantenido un cómodo equilibrio en la vida. La sabiduría no es una vida sin errores, sino, en buena parte, el resultado de cometerlos y aprender de ellos. Gran sabiduría es darnos cuenta de nuestra irrisoria necedad.
Por su parte, en su magnífico estudio Creer, saber y conocer, Luis Villoro agrega que no es sabio quien aplica teorías sino enseñanzas sacadas de su experiencia. Al sabio le instruye la observación aguda, el trato con otros, el sufrimiento y la lucha, el contacto con la naturaleza, la vivencia intensa de la cultura. No es sabio el que sabe muchas cosas de muy diversas fuentes y materias o quien lo sabe todo de un tema especial; éste es el erudito o el perito, adjetivos de alguna manera diminutos. Sabio es quien puede discernir en cada circunstancia lo esencial tras las apariencias. La sabiduría es fundamentalmente práctica y aunque se expresa adecuadamente en poemas, mitos o proverbios, éstos de nada sirven si su enseñanza no es confirmada por cada quien en su vi da. La sabiduría es, en suma, el conocimiento más individual, el polo opuesto del conocimiento universal que es la ciencia.
La sabiduría parece tener dos vertientes que se entrelazan. Por una parte el sabio es una especie de conocedor o de experto en los aspectos más hondos y a la vez más pragmáticos de la vida y por la otra manifiesta un desarrollo acusado del carácter. El juicio y la ética se han unificado. De esta manera en el sabio se han integrado las potencias humanas de la cognición con el afecto y la voluntad, una integración que parece inevitable si éstas se desarrollan conjuntamente, integración que se manifiesta, finalmente, en una acción armónica, equilibrada y justa. La sabiduría es la luz misma de la iluminación budista.
La conclusión es evidente: aspirar a la sabiduría o desdeñarla es asunto de capital importancia.

LAS SUTILEZAS DE LOS SABIOS NECIOS
El chiste, el acertijo y la broma son excelentes y necesarísimos ingredientes de la sabiduría, ya que su esencia es precisamente la ruptura del orden lógico y del conocimiento formal con alguna salida que, como una chispa, ilumina bruscamente el entendimiento con una novedad, se desgrana en risa y deja un sabor de ingenio en la mente. Arthur Koestler ha mostrado repetidamente el cercano parentesco de la risa con el hallazgo y el descubrimiento en ciencia y en arte. ¡Ajá!, decimos en el momento en que se establece la claridad en la conciencia. ¡Ja, ja!, nos reímos cuando un chiste nos parece bueno por la inesperada ruptura con el orden esperado.
Entre la abundante bibliografía de la sabiduría, que incluye mitos, poemas, proverbios o parábolas, destaca por su agudo sentido del humor la anécdota del sabio-necio. No se trata del sabio arquetípico, distante y ensimismado en profundos pensamientos, o del imponente fundador de religiones o sistemas filosóficos, sino de la figura popular del sabio marginal y sagaz que lo mismo parece un loco que un santo, aunque sus locuras nunca dejan de sugerir una enseñanza ni sus hazañas místicas están desprovistas de cierta ridiculez. Estos personajes han poblado las tradiciones orales y varios inicios de literaturas. Los cuentos de los maestros zen con sus ilógicos acertijos y salidas absurdas recolectados por Paul Reps; las sutiles hazañas del Mulla Nasrudin, populares en los países árabes hasta hoy en día y difundidas en Occidente por Idries Shah; los cuentos de rabinos hasídicos de los ghettos de Varsovia o Praga recogidos por Martin Buber, Tiil Eulenspiegel, el juglar y mago alemán del siglo XV, Juan sin Miedo, Pedro de Urdimalas o, en más de una ocasión, nuestro eterno hidalgo Don Quijote de la Mancha serían algunos ejemplos de los que saco las siguientes gemas.
De la tradición hasídica he aquí un tratado mínimo sobre la incertidumbre asumida. El rabino Eliezer se dirige en la madrugada a su sinagoga clandestina cruzando la plaza central de Varsovia, ocupada por fuerzas de cosacos antisemitas. Un oficial cosaco, ricamente montado observa con desprecio la figura del rabino y decide hostilizarlo. Se le avalanza amenazadoramente hasta acorralarlo con su corcel y le pregunta: "¿Dónde vas tan temprano, rabino?" "Quién sabe", replica el rabino humildemente. Encolerizado el cosaco le grita: "¿Cómo que quién sabe, rabino, si todas las mañanas te veo cruzar la plaza con paso decidido, seguramente hacia alguna sinagoga? Andando a la cárcel que te voy a interrogar." "Ya ves", le dice el rabino serenamente: "quién sabe."
Ahora, de la tradición sufi una anécdota sobre la fortaleza y la debilidad de la lógica y la retórica. El sin par Mulla Nasrudin, de quien continuamente se duda si es un santo o un loco, ha sido electo, con reticencias y para ponerlo a prueba, como juez local durante una semana. Llega el primer caso. Se trata de un litigio entre dos partes sobre la propiedad de un terreno. Nasrudin le da la palabra a la parte acusadora. El querelloso está tan brillante, tan seguro y es tan convincente que el Mulla se deja llevar por el entusiasmo y al final de su alocución le aplaude y le dice: "¡Tienes razón, tienes razón!" El secretario se escandaliza y le advierte al extraño juez: "¡Pero si no has escuchado a la parte contraria!" Nasrudin se calma y le da la palabra al defensor. Este también es claro y penetrante, su argumentación es excelente. Nasrudin, fuera de sí, lo interrumpe: "¡Tienes razón, tienes razón!" El secretario pierde la compostura y se levanta para inclinarse hacia Nasrudin con el dedo amenazante: "No seas idiota, no pueden tener razón las dos partes." Y Nasrudin le replica, igual de eufórico: "¡Tienes razón, tienes razón!"
A continuación una sabrosa anécdota zen sobre la falsa sabiduría. Yamoaka, un estudiante de zen, después de visitar a un maestro tras otro y sentirse cada vez más enterado llegó con el maestro Dokuon. Deseoso de mostrar su grado de comprensión le recita las verdades más profundas del zen: "La mente, el Buda y todas las cosas no existen en realidad. La naturaleza última de los fenómenos es el vacío. No hay nada de que percatarse, no hay engaño ni mediocridad. No hay nada que dar ni nada que recibir." Dokuon, que fumaba tranquilamente, se mantuvo silencioso e impasible. De repente y sin previo aviso le asestó un buen golpe a Yamoaka con su pipa de bambú. Esto enfureció al joven estudiante. "Si nada existe", inquirió entonces Dokuon con una amable sonrisa, "¿de dónde sale tanta rabia?"
Ahora un pequeño cuento taoísta. Shu Fu-Tseu era un erudito escéptico que no creía en milagros. Cuando murió su suegro y Shu lo velaba solitario, el ataúd se elevó lentamente hasta quedarse inmóvil en al aire. Shu se horrorizó y postrándose ante la caja gritó atropelladamente: "¡Venerable suegro, te ruego que no contradigas mis creencias!" Dicho esto el ataúd bajó lentamente hasta depositarse en el suelo, con lo cual Shu recobró aliviado su escepticismo.
Alfredo López Austin nos cuenta un chiste del ubicuo Pedro de Ordimales recogido de entre los indios tepecanos de Jalisco. Iban unos arrieros por el camino real cuando vieron a Pedro de Ordimales brincando para atrapar algo con su sombrero. "¡Vengan a ver el pájaro cu!", les gritó Pedro mientras cubría el suelo con su sombrero. "¿Cómo es el pájaro cu?", preguntaron los arrieros. "Muy bello", contestó Pedro. "Si quieren se los vendo. Páguenme y préstenme otro sombrero; pero no lo destapen ahora porque me sigue. Esperen a que me haya alejado." Los arrieros, deseando admirar y quizás vender el pájaro cu pagaron a Pedro lo que les pidió, le dieron otro sombrero y esperaron a que se alejara. Luego alzaron el sombrero poquito a poco y el capitán metió la mano para coger el ave. Tanteó, localizó, cerró los dedos y sintió cómo inundaba su mano un buen montón de mierda fresca.
Puesto en este camino, se me ocurre rematar con una anécdota aparentemente verídica de uno de los grandes artistas de nuestro siglo que algo tenía de juglar, de payaso... y de sabio: Pablo Picasso. Un comerciante de cuadros, deseoso de establecer la autenticidad de un lienzo firmado "Picasso", viajo de París a Cannes para preguntarle directamente al maestro, quien, como de costumbre, se encontraba pintando. Le echó un vistazo al cuadro y dijo: "es falso." Preso de cierta sospecha el comerciante viajó de nuevo a Cannes después de unos meses con otro cuadro. "Es falso", sentenció el pintor después de voltearlo a ver por un instante. "Pero maestro —le dijo el otro—, sucede que yo lo vi trabajar en este cuadro y firmarlo." "Y qué —remató el gran malagueño—, yo suelo pintar falsos Picassos." Evidentemente las historias de los sabios que parecen necios tienen como propósito colocarnos en las arenas movedizas de la lógica, en la perplejidad y de ahí tratan de llevarnos hacia un espacio donde las reglas del significado son otras. Los conceptos se han venido al suelo. De una manera indirecta y jocosa, estas historias nos dicen lo que en plenas palabras advierte Alfred Korzybski, el creador de la semántica general: "el mapa no es el territorio" o "la palabra no es la cosa de la que se habla." Y, sin embargo, todos podemos leer esto, asentir sin dificultad y... continuar identificándonos con los conceptos y las palabras.
La lección es sencilla, pero sólo en apariencia: la sabiduría está más allá de las palabras, en una apertura directa de la experiencia. Las diversas tradiciones y los pueblos han generado estas anécdotas como medios de romper con el mundo conceptual y mostrar, así sea por el periodo que dura la risa, el mundo luminoso de la vivencia directa.

DE LA SOLEDAD SERENA
La realidad del ser humano se ha venido a plantear como el mundo que lo rodea y, en consecuencia, todo su sentir, pensar y obrar están vertidos hacia el exterior. El mundo de los objetos, de las posesiones, de las relaciones interpersonales, del trabajo o de la vida social ha adquirido una importancia absoluta en la definición del éxito o fracaso de una persona, si no es que de su esencia misma. En consecuencia se cree que la resolución de la problemática existencial se obtiene mediante la razón y la palabra, con lo cual una gran cantidad de energía se disipa en hablar y escuchar. Empujado por esta tendencia cada vez más generalizada, el ser humano actual ve en la soledad un vacío sin sentido o angustioso y tiene cada vez menos posibilidades de percibir la riqueza y plenitud que hay en ella. No hay nada tan característico del hombre moderno como la incapacidad de tomarse tiempo para sí mismo y distanciarse de la actividad externa a la que pertenecen no sólo la vida cotidiana sino aún el tiempo libre igualmente programado. Ha quedado en el olvido lo que ha sido subrayado con mayor ahínco en las más diversas enseñanzas y tradiciones humanas de sabiduría: el hecho de que en lo más íntimo de sí mismo es donde radica la definición y la confianza primordiales del ser humano. En efecto, no se llega a lo más íntimo de la existencia cuando se habla sino cuando se calla.
Al recogerse en sí mismo el ser humano se abre a su interioridad y en ella encuentra el arduo camino de la serenidad. Pero sintonizar el silencio no es fácil: hay que defenderse del estrépito del mundo exterior, encontrar un espacio de soledad y cultivar contra la corriente el aislamiento y la meditación. La meditación ha sido objeto de una gran curiosidad reciente, no siempre lúcida.
Meditar significa dar un paso de una dimensión a otra, de la dimensión del mundo externo de los acontecimientos que saturan nuestra vida a la de nuestros fundamentos que dan a la primera su profundidad y sentido. Este paso sólo puede ser dado en la soledad, y es en ella, paradójicamente, en donde se supera la enajenación. "Sólo en soledad", nos dice Unamuno, ese gran solitario, "nos encontramos; y al encontrarnos encontramos en nosotros a todos nuestros hermanos". Es en la soledad donde el ser humano puede explorar los confines de su existencia, y gracias a la meditación puede confrontar lo que le es más decisivo. Pero la soledad y la meditación no ofrecen la tranquilidad y el sosiego más que como objetivos finales. Son un camino en el que se abre la posibilidad de que surjan y se resuelvan los recuerdos más dolorosos y las dudas más acuciantes, un espacio en el que las preocupaciones más centrales hallan su propia mecánica y verdadero metabolismo. Es así que la meditación ofrece una ayuda —posiblemente definitiva— en las cuestiones más difíciles de la existencia.
En efecto, es en la soledad y en la meditación donde la persona puede ampliar su conciencia y pasar del olvido de su propio ser a la exploración de su esencia. El ensanchamiento de la conciencia es lo que permite penetrar al mundo de la interioridad humana, ya que la conciencia actúa como una luz, como una antorcha que ilumina el abismo en el que nos adentramos. La práctica de la atención diligente, que es la base de todas las técnicas de meditación y que sólo es posible empezar a cultivar n la soledad, es la luz en sí de la conciencia y nos permite, poco a poco y penosamente, adiestraría y dirigirla. Y acontece entonces que, en la medida en que profundiza en el encuentro con su base primordial, la persona encuentra una sensación de seguridad a la que no tiene acceso en su vida mundana habitual.
Sin embargo, como toda experiencia humana, la meditación tiene limitaciones y múltiples dificultades. En primer lugar no hay una satisfacción inmediata de los anhelos de paz y serenidad. Es difícil y se necesita mucho esfuerzo para llegar a conocer los numerosos grados y espacios de la interioridad. Hay muchos momentos de desolación, de sequedad y de simple resistencia. Es necesario empezar con lo más difícil: enfrentar el estrépito del mundo interno, el ajetreo del pensamiento, los intensos movimientos de la emoción, los muros de la duda y el aburrimiento. Ya en el inicio de cualquier práctica de meditación nos percatamos de que nuestra vida interior se encuentra en un estado de desorden sorprendente y lastimoso. No pensamos deliberadamente, sino que nos invaden pensamientos, nos penetra una corriente de sentimientos, asociaciones, impresiones, atracciones, impulsos y rechazos de toda clase. Y es ahí mismo donde empieza el trabajo de la meditación.
Notamos que es necesario acabar con el desorden, pero nos damos cuenta de que es una tarea titánica. El ejercicio meditativo empieza entonces desde abajo, con la iluminación consciente de las funciones más elementales, como la respiración, la deambulación o la postura. Esto supone ya grandes dificultades y el proceso es lento y trabajoso. Cualquier método de autoconocimiento que ofrezca un atajo resulta sospechoso. La meditación es un proceso orgánico de crecimiento y maduración que no se puede hacer de prisa. No hay calendarios ni se pueden programar los avances. A cada quien se le dan las herramientas y las técnicas para usarlas. El progreso dependerá de su tenacidad y pericia.
A pesar de las dificultades, quien ha probado el camino de interiorización persiste en él porque se ha dado cuenta de que es un proceso por el que obtiene un conocimiento y una solución auténticos de su predicamento existencial, porque con su práctica sistemática encuentra cierta seguridad que apunta, crecientemente, hacia una más permanente. Persiste porque, en definitiva, cambia su actitud al adiestrarse en la serenidad. Con todo esto podemos decir que la práctica prolongada de la meditación en retiros y en la vida diaria produce dos frutos que vienen a ser a la larga uno solo: la serenidad y la sabiduría. La serenidad implica cierto dominio de sí que le permite a la persona una relación más adecuada con el mundo de cosas que la rodean y apremian. Ejercitarse en una práctica meditativa bien estructurada y probada pone a la persona en mejores posibilidades de reflexionar y seleccionar. La serenidad, por su parte, nos adentra en el arte de observar y escuchar para asimilar, con lo cual es posible vivir más plena y adecuadamente. La serenidad no es propiamente una emoción o un sentimiento, es una actitud que, al tiempo que amplifica la intensidad de la experiencia, mantiene una distancia de ella.
Es en la soledad y aprendiendo a callar que podemos contener este mundo y respetar el ajeno pero, sobre todo, abrir un espacio interior para que se pueda dar otra experiencia, la que está más allá de las palabras y en la que se encuentra la clave de la plenitud.

RA Y LA CREACION

La creación por Ra y el Papiro Bremner-Rhind


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Dos son las fuentes principales de las teorías heliopolitanas de la creación. La primera, y más antigua, los Textos de las Pirámides, en los que encontramos pasajes relativos al acto de la creación pero no de una forma uniforme, sino como una recopilación de declaraciones sin un sentido narrativo. La segunda fuente nos la proporciona una sección del papiro Bremner-Rhind, que es la que tratamos en este artículo. Ambas, la segunda por tratarse de una narración contínua en la que el propio Ra expone el acto de la Creación en sí y de todos los seres y cosas que existen en el mundo, y la primera por las muchas referencias que contiene acerca del acto mismo, son las que nos permiten reconstruir la teología de Heliópolis.

El Papiro Bremner-Rhind

El papiro Bremner-RhindImagen extraida de The Legends of the Egyptian Gods, Hieroglyphic Texts and Translations, Sir Wallis E. A. Budge
Este papiro, catalogado con el número EA 10188 del Museo Británico de Londres, fue adquirido por el propio Museo en 1865 y su origen parece encontrarse en Tebas. Sir Wallis Budge (Egyptian Hieratic Papyri in the British Museum. London 1910) pensó que el origen del papiro era el escondrijo de las momias reales de Deir el-Bahari, donde lo recogió el cónsul británico en Luxor, Mustafá Agha. Este origen está actualmente descartado, si bien es sabido que perteneció a A. Henry Rhind, quien posiblemente lo obtuvo del propio Mustafá Agha. Fue el Dr. Birch, examinando los objetos llevados a Inglaterra por Rhind, quien reconoció la importancia del texto. Henry Rhind murió en 1865 y su colección paso entonces a David Bremner, quien posteriormente la vendió al Museo Británico.
El papiro está escrito en egipcio medio y escritura hierática. Tiene unas dimensiones aproximadas de 5 m de longitud por 24 cm de anchura. Contiene en total 33 columnas y unas 930 líneas, escritas con tinta negra.
Parece, según Faulkner, haber sido realizado como encargo de una recopilación de textos religiosos destinados a la biblioteca de algún templo, si bien la historia de la Creación no parece encajar en el contexto global del trabajo. Consta de cuatro secciones claramente diferenciadas, y finalizadas por la expresión º¸ªÄ¸. Estas son:
Las lamentaciones de Isis y Neftis. Un texto que debía ser cantado entre los días 22 a 26 del mes de Joiak, mes en el que se celebraban los misterios de Osiris. Los cánticos eran ejecutados por dos sacerdotisas que representaban a las diosas en sus lamentaciones por la muerte de Osiris. El texto consta de partes ejecutadas a dúo por ambas sacerdotisas y otras pertenecientes a un solo, cantado por la sacerdotisa que representaba a la diosa Isis. Comprende desde el inicio del papiro hasta la columna 17. Faulkner tituló a esta sección "Las canciones de Isis y Neftis" para distinguir el texto del existente en el papiro Berlín 3008 que incluye una versión mucho más corta. La estructura en columnas es muy variada, desde las 12 líneas en la columna 17 hasta las 31 de la columna 16 y está compuesto por frases cortas, muy en el estilo de los himnos.
El ritual de presentación de Sokar, que también debía formar parte de los misterios de Osiris y que comienza con una invocación al dios Sokar bajo diversos epítetos, entre los cuales destaca una identificación con Amón-Ra. El texto además incluye un himno a Hathor, que es identificada con Tait, Bastet, Satis, Uto, Sejmet y Neith. Abarca las columnas 18 a 21.
El libro de la destrucción de Apep, el mayor de los cuatro textos, que incluye un monólogo de Ra en el que describe su autocreación desde el Nun y la del mundo por medio de su boca, y cómo creó primero a Shu y Tefnut, de los que nacieron Geb y Nut que dieron, a su vez, origen a la Gran Enéada, tras la cual surgieron los hombres de las lágrimas de su Ojo. Existen dos versiones del monólogo, la primera entre las columnas 26,21 a 27,5 y la segunda que comprende de la 28,20 a la 29,6. En general el texto describe diferentes composiciones de protección del dios sol contra Apep (Apofis) con un propósito secundario de proteger al faraón de sus enemigos. Es interesante hacer notar que Seth aparece en este texto como aliado del dios sol, a quien protege y defiende. Ocupa desde la columna 22 hasta la mitad de la 32. Aquí el texto no mantiene una estructura fija, variando en anchura y longitud. Las frases ya no son las mismas que en las secciones anteriores, sino más largas y se pierde el estilo de himno. Los monólogos de Ra aparecen en dos versiones y dos secciones diferentes.
Los nombres de Apep. Esta cuarta y última sección contiene una lista de los nombres de Apep e incluye instrucciones para realizar imágenes de Apep y criaturas malignas similares. La última parte es un himno a Ra que debía ser recitado después de que las imágenes de Apep hubiesen sido hechas. Comprende desde la mitad de la columna 32 hasta el final del papiro.
Existe una sección del texto, conocida como colofón, después de la columna 17 (final de las lamentaciones de Isis y Neftis) escrita de forma muy diferente al resto y añadida por un sacerdote llamado Nasmin, posiblemente el último propietario del papiro. Este añadido está fechado en el año 12 del reinado de Alejandro, hijo de Alejandro. En él se enumera la familia y los títulos del sacerdote entre las columnas 17 y 18 del original y el resto, escrito entre las columnas 21 y 22 del original, contiene un conjunto de maldiciones contra cualquier extranjero que se atreva a dañar el papiro, así como una bendición para aquel que le guarde debido respeto.
Traducción
Ofrecemos a continuación la traducción de los monólogos de Ra, basada en los trabajos de R.O. Faulkner publicados en "JEA: Journal of Egyptian Archaeology, vol. 23 (1937) pg. 166-185 y 24 (1938) pg. 41-54". En el texto se ha utilizado el término Nun para designar las aguas primigenias anteriores a la Creación y no 'El Abismo' empleado por algunos autores.
Abreviaturas:
FCD: R .O. Faulkner, A Concise Dictionary of Middle Egyptian. Oxford 1962.
Literature: Kaster, Joseph, The Literature and Mythology of Ancient Egypt, London, Allen Lane The Penguin Press 1970.
JEA: Journal of Egyptian Archaeology. London: EES, 1914-
Pyr: Textos de las Pirámides
Wb: Wörterbuch der ägyptischen Sprache. Berlin

Dioses que aparecen en el relato: Ra, Jepri, Nun, Shu, Tefnut, Geb, Osiris, Horus, Seth, Isis, Neftis.
1.- El Libro del Conocimiento de las Creaciones de Ra y de la destrucción de Apep.
Primer monólogo
Para ser pronunciado: Así habló el Señor de Todas las cosas, después de que hubiese venido a la existencia: 'Fui yo quien vino a la existencia como Jepri. Cuando vine a la existencia, 'el Ser' vino a la existencia y todos los seres vinieron a la existencia después de que yo viniera a la existencia; numerosos fueron los seres que surgieron de mi boca antes de que el cielo hubiera venido a la existencia, antes de que la Tierra hubiera venido a la existencia, antes de que la tierra y los reptiles hubiesen sido creados en este lugar. Yo creé como Los Inertes cuando aún no podía encontrar un lugar en el que permanecer. Encontré favor en mi corazón, examiné con mi vista, y, estando solo, hice todas las formas antes de que hubiera escupido a Shu, antes de expectorar a Tefnut, antes de que viniera a la existencia cualquier otro que pudiera actuar conmigo.
Yo concebí con mi propio corazón y allí vinieron a la existencia multitud de formas de criaturas vivas, a saber, las formas de los hijos y las formas de sus hijos.
Realmente yo me excite con mi mano, copulé con mi mano, escupí con mi propia boca; escupí a Shu, expectoré a Tefnut y mi padre Nun los educó, mi Ojo siguiéndoles desde los eones cuando estaban lejos de mí. Después de que yo hube venido a la existencia como único dios, hubo tres dioses además de mí. Yo vine a la existencia en esta tierra y Shu y Tefnut se alegraron en el Nun, en el que se encontraban.
Fueron ellos quienes me devolvieron mi Ojo, después de que yo hube unido mis miembros; lloré sobre ellos, y así es como la Humanidad vino a la existencia, de las lágrimas que surgieron de mi Ojo, porque él estaba furioso conmigo cuando volvió y encontró que yo ya había colocado otro en su lugar, habiéndolo reemplazado con el [Ojo] Glorioso. Así, yo lo ascendí a mi frente, y cuando él ejerció gobierno sobre esta tierra entera, su ira se extinguió, porque yo había restituido lo que había sido tomado de él. Yo surgí de las raíces, creé a todos los reptiles y todo lo que existe entre ellos. Shu y Tefnut engendraron a Geb y Nut, y Geb y Nut engendraron a Osiris, Horus [Mejentienirti], Seth, Isis y Neftis de su útero, uno tras otro, y ellos dieron origen a las multitudes que habitan esta tierra.

Segundo monólogo
Para ser pronunciado: Así habló el Señor de Todas las cosas: Cuando vine a la existencia, 'El Ser' vino a la existencia. Yo vine a la existencia en la forma de Jepri que vino a la existencia en la Primera Ocasión; Cuando vine a la existencia lo hice en la forma de Jepri, y así es como 'El Ser' vino a la existencia, porque yo era más primigenio que los más primigenios a los que yo había hecho; era el más primigenio de los primigenios y mi nombre era más primigenio que los suyos porque creé el tiempo primigenio y a los primigenios. Yo hice todo lo que deseé en esta tierra, estaba todo impregnado en ella. Yo uní mi propia mano, estando solo, antes de que ellos hubieran nacido, antes de que yo hubiera escupido a Shu o expectorado a Tefnut. Yo usé mi propia boca y 'Magia' (HkAw) fue mi nombre. Fui yo quien vino a la existencia en mi forma, habiendo venido a la existencia en la forma de Jepri. Vine a la existencia entre los primigenios y allí vino a la existencia una multitud de seres al principio, antes de que cualquier otro ser hubiera venido a la existencia en esta tierra; Yo, solo, llevé a cabo todo lo que fue hecho, antes de que hubiera venido a la existencia cualquier otro que pudiera actuar conmigo en este lugar.
Yo hice a los seres allí con este ba mío; yo creé (algunos) de ellos en Nun como 'El Inerte', cuando aún no podía encontrar un lugar en el que poder estar. Encontré favor en mi corazón, examiné con mi vista, y, solo, llevé a cabo todo lo que fue hecho; planifiqué con mi corazón, creé otro ser, y múltiples fueron las formas de Jepri; sus hijos vinieron a la existencia en las manifestaciones de sus hijos . Fui yo quien escupió a Shu y expectoró a Tefnut.
Cuando hube venido a la existencia como un dios solitario, hubo tres dioses a parte de mí, y dos dioses vinieron a la existencia en esta tierra; Shu y Tefnut se alegraron en el Nun, en el que se encontraban. Fue mi ojo el que les trajo a mí, después de una larga edad, cuando aún estaban lejos de mí; yo uní mis miembros y surgieron de mí mismo. Después de que yo me hube excitado con mi mano, mi deseo vino a la existencia en mi mano, y la semilla cayó de mi boca; escupí a Shu y expectoré a Tefnut.
Cuando hube venido a la existencia como un dios solitario, hubo tres dioses a parte de mí, y dos dioses vinieron a la existencia en esta tierra; Shu y Tefnut se alegraron en el Nun, en el que ellos se encontraban. Fue mi ojo el que les trajo a mí después de una larga edad (29,2) cuando aún estaban lejos de mí; yo uní mis miembros y surgieron de mí mismo. Después de que yo me hube excitado con mi mano, mi deseo vino a la existencia en mi mano, y la semilla cayó de mi boca; escupí a Shu y expectoré a Tefnut y mi padre (29,3) Nun los educó, mi Ojo, siguiéndoles desde los eones(29,1) ... serpientes, cuando lloré con lágrimas sobre (¿) ...; mi [Ojo?] proyectó , y así es como la Humanidad vino a la existencia. (29,4) Yo lo sustituí con El Glorioso, y él se encontraba enfurecido conmigo cuando volvió, viendo que otro había crecido en su lugar, pero su ira desapareció cuando yo lo restituí, y él se encontro aliviado (¿).(29,5) Lo ascendí a mi frente y ejerció gobierno sobre la tierra entera. Shu y Tefnut engendraron a Geb y Nut, (y Geb y Nut engendraron) a Osiris, Horus Mejentienirti, Seth, Isis y Neftis, y ellos engendraron y crearon muchos seres (29,6) en esta tierra, a saber las manifestaciones de los hijos y las de sus hijos.

GENGHIS KHAN


Genghis Khan nació cerca del lago Baikal (en la actual Rusia) en el año 1167 y sería el líder de un poderoso imperio que abarcaría casi toda Asia y parte de Europa. . Su verdadero nombre era Temujin. Era hijo de Yesugei, jefe y dirigente mongol, y bisnieto de Kabul Khan, líder de los mongoles que, supuestamente, fue envenenado por los Tártaros. En realidad Genghis Khan fue una especie de título a manera de reconocimiento por el genio y el coraje demostrado, por conquistas, batallas y liderazgo que lo llevaron a ser dueño y señor de Mongolia.
Genghis Khan, el líder mongol, terror de las estepas.
Conquista por el poder
Yesugei fue envenenado y su hijo Temujin, el próximo Genghis Khan, le sucedió con sólo trece años. A la madre de Temujin se le atribuye una enseñanza que sería de gran importancia en su vida: "tu única compañía es tu sombra". Genghis Khan (lo llamaremos así, aunque el nombramiento no fue hasta 1206) sucedió a su padre como jefe tribal. Durante su temprano reinado tuvo que enfrentarse a las revueltas de sus tribus y además de someter a sus súbditos venció a sus hostiles vecinos y tras veinticinco años de luchas encarnizadas, en 1206, a la edad de 39 años, Genghis Khan dominaba casi toda Mongolia y fue nombrado en la asamblea de las tribus dominadas como (ahora sí) Genghis Khan, líder universal, "el mayor de los gobernantes, emperador de todos los hombres", (chêng-sze, en chino 'guerrero valeroso' en turco khan, 'señor'), la ciudad de Karakorum (Karakoram) fue designada como su capital.
Veamos paso a paso lo ocurrido. Justo después de la muerte de su padre, la familia de Genghis Khan (él, su madre y sus seis hermanos) se vieron abocados a vivir en la indigencia, alimentándose de la recolección y de la pesca, agravado esto por la persecución a la que se vieron sometidos por los clanes rivales, especialmente el de los taichi´ut que aspiraba al posible kanato dejado vacante por la muerte de Yesugei.
En este período, mediante la participación pequeñas incursiones, así como en otras actividades, comenzó a adquirir fidelidades de otros individuos jóvenes, muchas veces en su misma situación, que se unieron el valeroso Genghis Khan. Cabe destacar un personaje de bastante importancia que fue Jamuka, un joven de sangre noble que realizó juramento de anda o “hermano jurado” con Genghis Khan, es indudable que la posición de Jamuka ayudó en cierta medida a su anda a subir posiciones en la carrera hacia el poder, sin embargo, en el futuro, ambos serían rivales a muerte.
Así se comenzó a formar el núcleo de lo que en futuro sería su guardia imperial. Pero más importante que el apoyo de Jamuka fue el de un antiguo aliado de su padre, que había sido anda de este: Toghril, kan de los keraitas, que aceptó a Genghis Khan como un jefe de segunda fila. Su posición ahora favorable, unida a su propio magnetismo personal, le proporcionó la adhesión voluntaria de aún más hombres a sus filas.
En este momento se produce un incidente que va a afianzar aún más el poder de Genghis Khan: su mujer Borte (también Börte o Bortei) es raptada por un clan merkita, pero ya entonces está en condiciones de pedir apoyo militar y también Jamuka aparece con su clan, de forma que el clan merkita es derrotado y la posición del futuro Genghis Khan afianzada.
Disputas y rivalidades por el poder llevaron a la separación de Jamuka y Genghis Khan de tal forma que el primero le intentó retirar el apoyo, pero por motivos de linaje, de magnetismo personal o de mejor posición muchos clanes bajo el mando de Jamuka se separaron de él para ponerse voluntariamente bajo el mando de Genghis Khan. Una de sus cualidades principales era su personalidad y su presencia de líder, se cuenta que era más alto que la estatura normal, tenía la cabeza ancha, mandíbula fuerte y ojos penetrantes de color verde grisáceo y además la crueldad que impartía con su espada. Un aspecto destacado de la figura de Genghis Khan es su utilización de la guerra psicológica y la implantación de un régimen de terror en muchos de los territorios conquistados. Los mongoles ejecutaron matanzas realmente repugnantes y exhibían los resultados de éstas para hacer cundir el pánico entre la población.
Al final del siglo XII los yuchen (en China) promovieron una campaña contra los tártaros, a quienes habían utilizado anteriormente para eliminar a Qabul Kan, y que ahora se habían vuelto demasiado fuertes, empezando a resultar una amenaza. Para ello propusieron a los clanes keraitas (bajo el mando de Toghril) luchar contra sus vecinos por el oeste mientras los propios yuchen atacarían por el sur, al lado de su aliado lucharían Genghis Khan y sus hombres.
A sus 39 años Temujín se hizo merecedor del título de Genghis Khan
Cuando la campaña terminó, los tártaros habían dejado de ser un pueblo independiente y habían sido sometidos al poder de ambos clanes. Los chinos otorgaron títulos a sus aliados, pero en estos se reflejaba una subordinación de el futuro Genghis Khan a Toghril, que recibió el título de Wang (rey). Después de esta importante victoria ambos aliados siguieron sometiendo a una serie de tribus vecinas y ampliando aún más su poder. Y Jamuka, viendo semejante ascensión, reunió una coalición de todas las tribus descontentas o resentidas con el próximo Genghis Khan y su aliado.
El Wang-Kan Toghril, quizás también asustado por el creciente aumento de poder de Genghis Khan, ahora su anda, o debido a su avanzada edad, comenzó a desarrollar una actitud reacia a colaborar, hasta que esto acabó significando la ruptura. Concretamente, el desencadenante fue la negativa del Toghril a dar a su hija en matrimonio de Jochi (hijo mayor de Temujin) esto provocó la ruptura y el preludio para la guerra entre ambas facciones. El Wang-Kan se alió con Jamuka y le puso al frente de su ejército. Cuando se produjo el enfrentamiento las divisiones internas entre la facción de Jamuka y Toghril les llevaron a la derrota, así como el abandono de muchos clanes que luchaban a su lado para adherirse voluntariamente a la causa de Genghis Khan, bajo la que veían mejores posibilidades de futuro.
Genghis Khan cabalgando con la caballería Mongola, que componía la mayor parte de su ejército.
Se produjo de esta manera la caída de los keraitas y el final de su existencia como clan independiente. Ahora el poder que más directamente competía con el futuro Genghis khan eran los naimanos, bajo cuya protección se habían refugiado Jamuka y sus seguidores. Los naimanos no tardaron en ser derrotados y sometidos (aunque bastantes sectores lo hicieron de nuevo de forma voluntaria) y Jamuka fue apresado y muerto. Los restos del clan merkita, que habían sido aliados de los naimanos fueron derrotados por Sübedei, miembro de la guardia personal de Temujin y personaje que llegaría a ser el más brillante comandante al servicio de Genghis Khan.
Temujin recibe el título de Genghis Khan
En el año 1206 se celebra un quriltai, a las orillas del río Onon, que tradicionalmente se señala como el punto decisivo en la vida política de Genghis Khan. En este momento toma el título de khaqan y el nombre de Gengis Khan (Gengis significa “océano”, con lo que quería significar una soberanía tan amplia como el mar que circundaba la tierra, algo así como kan universal). También es en este momento cuando todas las tribus que formaban parte de la confederación pasan a denominarse mongoles, bajo el mando de Genghis Khan.
La base de la actuación de Genghis Khan está en la creencia de que sólo puede haber un emperador para todos los hombres, y por lo tanto todos los pueblos deben ser sometidos a su autoridad y los pretendientes al imperio ser ajusticiados. El emperador (en ese momento Genghis Khan) es elegido por el consejo de jefes de las hordas. La organización social de los mongoles era igualitaria, una hermandad sin diferencia de clases y en la que estaba prohibido luchar entre sí o tener esclavos de su misma raza. El adulterio y robar caballos se pagaba con la vida, y otros delitos menores con penas de azotes.
Inicia la conquista de China
En 1208, las hordas mongolas de Genghis Khan atravesaron la muralla china con trescientos mil hombres y durante años fueron conquistando y saqueando grandes partes del país. Genghis Khan inició la conquista de China con el motivo de buscar un lugar de pasto para sus caballos y, en 1208, ya había establecido un punto de apoyo dentro de la Gran Muralla, en 1213 dirigió a sus ejércitos hacia el Sur y el Oeste y se adentró en el territorio dominado por la dinastía Chin (1122-1234) y en 1215 sitió la capital china, actualmente Pekín, y la conquistó. Genghis Khan siguió su avance y en 1218 la península coreana cayó en sus manos.
Genghis Khan tuvo también que sofocar varias revueltas en territorio mongol, lo que supuso la conquista de la mayor parte de Asia Central y buena parte de Europa. Utilizando ingenieros chinos completaron la conquista de Persia y superando el Caspio por el sur, los ejércitos mongoles accedieron al Cáucaso y a la estepa rusa. La amenaza mongola de Genghis Khan unió a polovsianos y rusos, antiguos enemigos que les hicieron frente con todos sus medios en el río Kalka en 1223. La traición de los polovsianos durante la batalla significó el aniquilamiento del ejército ruso y la conquista de todos sus territorios hasta el río Dnieper.
La única limitación era que nadie podía empezar el saqueo sin permiso de su jefe, bajo pena de muerte. Genghis Khan conquistó el mayor imperio que ha habido nunca sobre la tierra, unificando toda Asia en un periodo de relativa paz.
Poco después el avance mongol de Genghis Khan en China se detuvo, probablemente debido a dos factores: por un lado la propia visión de Gengis Khan le llevó a la conclusión de que una penetración más profunda en China supondría de su recién creado ejército un esfuerzo demasiado agotador, y además lo dejaba a merced de algunos pueblos nómadas no totalmente “domados” que se situaban en sus flancos y que podían aprovechar el momento para asestar un duro golpe a su imperio, y por otro lado en estos momentos el sur de China se hallaba en un situación bastante más favorable que la zona septentrional, de por sí más débil. El dominio total de China no habría de llegar por tanto hasta los tiempos del nieto de Genghis Khan: Kublai que llegará a ser uno de los más importantes emperadores de China. En estas circunstancias Gengis Khan cesó su avance en China y volvió para eliminar algunos núcleos de resistencia naimana y merkita en la zona del Altai.
Genghis Khan, montando uno de los resistentes caballos Mongoles. Cuando marchaban, Cada guerrero llevaba 2 o 3 caballos de repuesto.
La guerra contra arabia
El derrotado líder de los naimanos se había refugiado con los restos de su ejército en el reino de Kara-kitai y había sustituido a los turcos musulmanes en el gobierno. En ese momento gran parte de sus vasallos se anexionaron voluntariamente a las filas del kan mongol, Küchlüg (el líder naimano) tomó serias represalias contra los traidores y contra muchas facciones islámicas que lo apoyaban. De esta manera aquellos que se habían unido a Genghis Khan pidieron auxilio y Jebe (otro de los importantes generales de la guardia personal de Gengis Kan) llegó al reino de Kara-kitai con un ejército mongol y fue recibido como un liberador eliminando a Küchlüg en 1218 e incorporando el reino de Kara-kitai al naciente imperio mongol.
Así, por primera vez, el extenso imperio mongol tenía una frontera con el estado musulmán de Jorezm, gobernado por el sha Ala al-din Muhammad. Éste era un punto comercial muy importante y Gengis Khan había intentado propiciar un libre paso de mercaderes a toda la extensión del imperio, por lo que en un principio no pareció tener intenciones de atacar este estado. Sin embargo, el gobernante de Jorezm impulsó a Genghis Khan a atacar una importante caravana que regresaba de Mongolia y que además llevaba una misión diplomática mongola, negándose más tarde a pagar retribución por el saqueo y asesinato de sus miembros. Esto, y la tentación de hacerse con el control total de las rutas comerciales entre oriente y occidente impulsaron a Genghis Khan a atacar a los musulmanes.
De nuevo, recopilando información de los mercaderes, Genghis Khan preparó con gran cuidado su ataque, que dividió en tres grupos. El sha, que no confiaba demasiado en su ejército por diversas disquisiciones internas, había dividido sus contingentes en grupos pequeños, fáciles de asaltar por separado, quizá para asegurarse que no adquiriese demasiado poder el factor militar. Esta falta de cohesión dentro del propio estado musulmán, y la propia actitud del sha, que escapó con su corte en cuanto los mongoles hicieron su aparición, propició una rápida victoria por parte de Genghis Khan y sus generales. Así, asoló Bujara y Samarcanda, que se había convertido en la capital de Jorezm, mientras dos de sus generales avanzaban sobre otras ciudades al norte y al sur.
El heredero del sha Jalal al-Din, por otra parte un genial estratega y bastante apoyado por el pueblo, presentó batalla a Genghis Khan con el ejército que consiguió reorganizar de su padre y a pesar de enfrentarse al grueso del ejército mongol podía haber hecho algo de no verse envuelto en luchas intestinas y rivalidades internas. En este caso también se puede decir claramente que la caída del reino de Jorezm se debió a inestabilidad interna, principalmente. El avance mongol fue imparable, de forma que cuando Genghis Khan marchó en el 1223 el reino de Jorezm había sido completamente conquistado.
Después de esto Gengis Khan se dedicó a reprimir revueltas y a afianzar su poder en el este, en especial en la zona de Hsi-Hsia que se había negado a enviar tropas para la última campaña atisbándose focos de posible rebelión. Estos focos no quedaron exterminados hasta la muerte de Genghis Khan en el año 1227.
El ejército Mongol de Genghis Khan
Al empezar la movilización los mongoles recibían armas de sus jefes y debían conservarlas en buen estado, para que pudiesen estos inspeccionarlas antes de entrar en acción. El ejército estaba organizado en unidades de diez combatientes o decenas. Los diez debían actuar siempre juntos para pelear, saquear, y procurarse forrajes. Cada diez decenas iban mandadas por un jefe, con un kan por cada diez centenas, y las hordas que eran los grupos de diez mil, estaban dirigidas por los lugartenientes del gran kan. Todo el ejército iba a caballo; para campañas en lugares distantes cada combatiente llevaba dos o tres corceles de repuesto. El procurarse un número suficiente de caballos y armas debía ser la preocupación mas grave de Genghis Khan. Y a menudo esto exigía años antes de empezar el movimiento.
Las hordas de Genghis Khan no llevaban bagajes de ninguna clase; vivían sobre el país, comiendo de lo que encontraban, y en sus largas marchas por el desierto se sostenían con sangre de caballo. El saqueo estaba legalizado por la ley, que prohibía bajo pena de muerte empezarlo sin permiso del jefe; pero después, cada mongol tenía los mismos derechos y podía guardar su botín personal, pagando no mas que un diezmo al emperador.
El genio de Genghis Khan
El Gran Khan Mongol, Genghis Khan, no construyó el imperio de tierra más grande de la historia solo por la fuerza bruta y las matanzas, sino que era un gran estratega, un brillante gobernante y un terrible vengador.
Genghis Khan, es considerado un héroe en Mongolia, y es uno de los más grandes estrategas de todos los tiempos, a la altura de Alejandro Magno o Napoleón. El terror fue una de las muchas armas que usó a través de sus campañas.
En un asedio a una ciudad China que era completamente inexpugnable, donde los mongoles no podían vencer, Genghis Khan dio prueba de su genio estratégico. Entonces el Gran Khan les dijo a los Chinos: “Denme todos los pájaros de su ciudad y yo los dejaré en paz”. Los Chinos hicieron esto felices, y entregaron las aves en grandes jaulas. Cuando el Khan los tuvo en su poder, les prendió fuego, y éstos volaron hacia los nidos y tejados de la ciudad, incendiándola, y los desesperados habitantes corrieron fuera de ella, cayendo en medio de las espadas mongolas. En una batalla crucial, contra sus enemigos Targutai y Yamuga, Genghis Khan, viendo que sus fuerzas eran muy inferiores, hizo que cada soldado hiciera un muñeco del porte de una persona y lo pusiera en su caballo de reserva(cuando un caballo se cansaba, se usaba otro que se llevaba al lado, siendo este ejercito uno de los más rápidos de la historia). El ejército del Khan se vio dos veces más numeroso, atemorizando a sus adversarios, lo que fue crucial para el desenlace de la batalla.
Genghis Khan organizó a su ejército de una forma espectacular, ya que estaba dividido en decenas (arban), centenas (yaghun), millares (mingghan)y miríadas (tumen). Estos eran dirigidos por sus respectivos jefes, pero los cinco generales más importantes del ejército mongol fueron los denominados los Lobos de Temujin: Bogorchu, su anda (hermano jurado), Yebe la Flecha, Kubilai, Yelme y Subotei. Eran guerreros tan espectaculares, que los enemigos decían que “ Se alimentaban de rocío y carne humana. Son tan feroces que Genghis Khan tiene que atarlos, pero cuando los libera para marchar a la guerra, cabalgan al viento delante de los arqueros, con la boca abierta, babeantes de alegría” lo cual, claro está, era algo exagerado.
Cuando sus conquistas los llevaron a Hungría, al no poder comparar la caballería ligera mongola con la caballería pesada húngara, simulaban una retirada, y cuando los caballos húngaros se agotaban bajo el peso de la armadura, los mongoles contraatacaban, lanzándose detrás de ellos, disparándoles flechas y matándolos por la espalda. Genghis Khan implanto un código de leyes muy severas inspirados en las creencias y costumbres turcomongolas. Sólo sus Generales tenían una cierta inmunidad contra estas leyes, porque se les permitía cometer cierto numero de errores, mientras que para el resto del pueblo no había escapatoria.
El imperio mongol desapareció en 1368

jueves, 3 de enero de 2008

ARCA DE NOE DE LAS SEMILLAS


Semillas de unos tres millones de especies diferentes, con prioridad por los cereales y otros productos de subsistencia, resistirán indemnes a cualquier cataclismo planetario en el depósito acorazado que Noruega a construido en la islas Svalbard, a menos de 1.000 kilómetros del polo Norte.

La "bóveda del juicio final" o "arca de Noé de los vegetales", como es conocida coloquialmente. Su característica esencial es la resistencia.El silo incluye dos estancias excavadas en la roca arenisca a 130 metros por debajo del nivel del mar a las cuales se accede por un túnel de 120 metros de largo. Esta versión moderna del arca de Noé, pero con paredes recubiertas de hormigón armado, ha sido diseñada para resistir durante al menos 100 años la fuerza de tsunamis y terremotos, bombas, invasiones de virus y hasta un aumento del nivel del mar por culpa del calentamiento global. Las muestras se conservarán a una temperatura de --20° y --10° mediante un sistema de refrigeración, pero incluso en caso de un problema energético se mantendrían a --6° gracias al ambiente natural de la propia estructura, protegida por una gruesa capa de permafrost o hielos perpetuos.Más de un centenar de países, según Noruega, se han mostrado dispuestas a enviar semillas de sus respectivos bancos de recursos genéticos. Las muestras se almacenarán en envases impermeables de aluminio y polietileno que se colocarán ordenados en las dos estancias, cada una de 375 metros cuadrados. En cualquier caso, el banco no ha sido concebido como centro de investigación genética o taxonómica, sino simplemente como un almacén que recibirá muestras ya clasificadas.


APOYO DE LA FAO"Será el mejor congelador del mundo", resume el alma máter del proyecto, Cary Fowler, director de la Fundación para la Diversidad de los Cultivos Globales (www.croptrust.org), entidad sin ánimo de lucro dedicada a la conservación del patrimonio genético mundial. La Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) es su principal patrocinadora. "Svalbard es un respaldo de seguridad, pero esperamos no tener que utilizarlo nunca", añade Fowler.Según los planes oficiales.

La obra costo 2,3 millones de euros, que aportará, el Gobierno de Noruega, mientras que los costes de funcionamiento los asumirá la fundación.Según la FAO, en los últimos tiempos se han perdido el 75% de las variedades vegetales silvestres del planeta, fundamentalmente por la expansión de las más rentables desde un punto de vista comercial. Aunque hoy en día hay unos 1.400 bancos de semillas en diversos países, los expertos no solo temen que un desastre natural los pueda dañar, sino algo más cercano: que la falta de dinero los eche a perder. La mayor colección, propiedad del Gobierno de EEUU, tiene 470.000 semillas.

ATILA EL HUNO


Los hunos eran una tribu nómada que seguía el curso del agua y buscaban los mejores pastos para su ganado. Siempre fue considerado como un pueblo muy guerrero y con gran afán de conquistas.
SITUACIÓN DE ATILA
Hasta finales del siglo IV, los romanos no tenían conocimiento de los hunos. Los romanos solían tachar de bárbaros a todos aquellos que no sabían escribir, pero sus descripciones a cerca de los hunos iban mas allá: decían que eran muy sucios, desprendían un fuerte y desagradable olor, comían carne cruda y "vivían" sobre sus caballos.
En este entonces estaban establecidos en la llanura húngara llamada "Panonia", teniendo como frontera el Danubio y el Rhin, pero con el tiempo acabaría franqueándola.
Los romanos apreciaban que entre Los Hunos no había unidad, que estaban conformados en tribus.
El padre de Atila murió y sus tíos se hicieron cargo de él y de su hermano mayor Bleda, preparándolos para que fueran grandes guerreros. Atila era el predilecto de su tío Rugas.
En esta época, el Imperio Romano estaba dividido en 2, Imperio Romano de Occidente(capital en Roma) e Imperio Romano de Oriente(capital en Constantinopla), que era más poderoso.
Antes del nacimiento de Atila, los hunos alcanzaron el río Danubio en incursiones contra el Imperio romano de Oriente; Los romanos necesitaban rehenes para sus ejércitos y así poder hacer frente a las invasiones que estaban penetrando en el Imperio, sobre todo de Occidente.
Era signo de simpatía y aceptación en esta época intercambiar rehenes entre los romanos y los bárbaros que irrumpían en la zona. En uno de estos intercambios, Atila fue enviado a Roma.
Por aquel entonces, los hunos ya iban adquiriendo fama de buenos guerreros y los romanos mandaron un espía a la tribu de rehenes hunos para aprender sus tácticas. Era Flavio Aecio, que en poco tiempo se hizo gran amigo de Atila. Estaban siempre juntos, hasta que en el 420 Atila volvió a su lugar de origen. En esos años, Atila aprendió el modo de vida romano, pero nunca fue de su agrado. Juró que volvería, pero esta vez para conquistarla.
La progresión de Atila fue muy rápida:
Antes de tener 20 años, ya estaba al mando del ejército huno. Entre los 20 y los 30 años, ya participaba en todas las afrentas. Con 32 años, fue 2 veces a Italia, pero no a conquistarla, fue a socorrer a su amigo Aecio. Gracias al apoyo de Atila, Aecio consiguió hacerse con el título de caudillo. Los enemigos de Aecio se convirtieron en los enemigos de Atila. Sin embargo no es que Atila tratara de tenerlos como aliados. En el 432, ya era la cabeza visible de los hunos, su líder. Los unificó, les dotó de libertad y conformó un ejército muy potente, en torno a ese mismo año habían adquirido tal poder que el tío de Atila, el rey huno Roas, o Rugilas, recibía un gran tributo anual de Roma.
Atila sucedió a su tío, compartiendo el trono al principio con su hermano Bleda, al que asesinó en el 445.
RELACIÓN CON EL IMPERIO ROMANO Y SUS INVASIONES
Los hunos empezaron a ejercer una gran presión en el Imperio Romano.
En el 435 Teodosio, emperador del Imperio Romano de Occidente, firmó un acuerdo con Atila para evitar su enemistad. El rey de los hunos recibía tributos de los 2 Imperios Romanos. La firma de estos acuerdos era una forma de ganar batallas sin violencia y a la vez una deshonra para los romanos.
En el 440, se rompió el acuerdo entre Atila y Teodosio. Los romanos fueron sorprendidos usurpando las tumbas hunas y este hecho fue considerado una pérdida de respeto para Atila. Se libró una cruenta batalla que ganaron los hunos, extendiendo así su influencia y su imperio.
Teodosio era consciente de la superioridad que tenían en este momento los hunos, y quería obtener la paz a toda costa. Por ello, aceptó las altas pretensiones, sobre todo económicas, de Atila.
Entre tanto, Atila participaba en una activa vida social: escuchaba poesía, administraba justicia entre sus ciudadanos...
Se casó con Arika y tuvo 4 hijos. Como hombre supersticioso que era, adoraba al más pequeño de sus vástagos, Emac , el que según las predicciones, levantaría el imperio huno cuando éste decayera.
Atila compaginaba modestia y poder, no quería comparaciones con Dios, y de hecho lo consideraba como una ofensa.
En el 444, murió Bleda, hermano de Atila, por lo que éste se convirtió en el único emperador de los hunos.
Por estos tiempos encontró la " Espada de Dios " fortuitamente en un prado.
En el año 447 Atila avanzó por Iliria y devastó toda la región comprendida entre el mar Negro y el Mediterráneo. Aquellos pueblos conquistados que no fueron destruidos fueron forzados a servir en su ejército. Derrotó al emperador bizantino Teodosio II , y Constantinopla se salvó por la única razón de que el ejército huno, básicamente formado por fuerzas de caballería, carecía de las técnicas de asedio a una gran ciudad. Sin embargo, Teodosio fue obligado a ceder una parte del territorio, al sur del Danubio , y pagar un tributo y un subsidio anual.
Atila, ante la evidencia de su superioridad, comenzó a subir sus pretensiones a los romanos por el simple placer de ver cuanto podía "exprimirlos". Se hizo quisquilloso y exigente.
Honoria , hermana del emperador de Occidente Valentiniano III , escribió una carta a Atila pidiéndole ayuda para librarse de su familia, que la tenía encerrada y la consideraba una deshonra por sus deslices amorosos. Ella a cambio le ofrecía casarse.
Atila habló con Valentiniano III pero éste no quería cederle a su hermana. También pidió que le fueran devueltos sus rehenes, pero tampoco cedieron.
Ante estas negativas, Atila empezó a pensar en guerra...
BATALLA DE LOS CAMPOS CATALAUNICOS (451 d.c.)
Gracias al empuje de los 60.000 jinetes hunos (su mejor tropa) que lo seguía más una multitud de mercenarios asiáticos de diferentes procedencias, comenzó a conquistar ciudades sin oposición seria de ningún gobernante, es más muchos de ellos comenzaron a rendirse sin luchar y los pocos que se resistían eran masacrados cruelmente por la jauría de guerreros que comandaba.
Según cronistas de la época se dice que mas de 300.000 soldados componían aquel gigantesco ejército, la mayoría de los cuales eran pobres gentes de los pueblos conquistados obligadas a luchar del lado del huno so pena de morir de la más horrible forma. El plan de Atila consistía en partir desde Panionia (actual Austria) y entrar al imperio por la Galia (actual Francia), aquella masa de soldados sedienta de sangre y oro arrolló cualquier atisbo de resistencia sobre todo del reino de Borgoña donde muchos guerreros rindieron valientemente la vida en batallas desiguales que han quedado registradas en la famosa Canción de los Nibelungos, a la que tantos compositores clásicos le han hecho arreglos musicales. Dentro de los reinos que se rindieron sin luchar se cuentan los Ostrogodos que ofrecieron casi la totalidad de sus ejércitos para ayudar a Atila a barrer del mapa cualquier cimiento de cultura cristiana, para ese entonces las fuerzas del huno ascendían casi a 600.000 hombres cifra impresionante por número, pero como dijo el gran Julio César "prefiero tener 10.000 hombres bien entrenados a 100.000 que no diferencian entre amigos y enemigos", premisa que se haría muy importante más adelante. Atila embriagado por sus éxitos lanzó un ataque mal organizado sobre París de donde fue heroicamente rechazado, la eterna impaciencia e impulsividad del huno lo convenció de abandonar este objetivo y lanzarse hacia el sur. Entonces es cuando sucede un gran punto de inflexión, los romanos habían realizado para estas épocas una gran leva (reclutamiento) para formar un ejército capaz de defender Italia y por otra parte los godos que ocupaban Hispania (actual España) estaban muy preocupados por la seria posibilidad de ser conquistados (y arrasados) por los hunos; ambas situaciones fueron unidas por el gran general romano Flavio Aecio , que observando las serias posibilidades de que el cristianismo fuera completamente conquistado ideó el siguiente plan: la horda huna debía ser detenida antes de ingresar a Italia o Hispania , y el ejército encargado de realizar esta proeza sería una combinación visigoda-romana que libraría una sola batalla decisiva en un punto estratégicamente escogido. Para poner en marcha este plan se dirigió personalmente a visitar al rey visigodo Teodorico , con el cual no se encontraban en muy cordiales relaciones los romanos, sin embargo el temor a Atila hizo que se aceptará rápidamente el plan y comenzaron los visigodos una gran leva general donde casi todo hombre sano formó un ejército de 250.000 reclutas. Además posteriormente el rey de los alános otra tribu temerosa de los hunos se comprometió a pelear por el lado cristiano, esta inclusión de última hora casi hace salirse a los visigodos de la alianza ya que los alános tenían fama de mercenarios de dudoso honor. Finalmente primó la cordura y se conformó un ejercito conjunto de 400.000 hombres dispuestos a luchar hasta la muerte por evitar que Atila pasará hacia el sur, al rey huno estas noticias le parecieron una señal divina de que llegaba su gran momento y de inmediato partió a enfrentárseles. El astuto Flavio Aecio había ordenado quemar cuanta fresa silvestre pudieran coger los hunos en su camino y además envenenar cada pozo existente en la zona, todo lo anterior hizo que la inmensa masa de confederados hunos llegarán algo faltos de suministros a la batalla (mucho de ellos sin comer en días) que tuvo lugar en Chalons (actual Francia) en una gran extensión de terreno verde conocida como los campos cataláunicos, en aquel campo existía un riachuelo que estaba justo en medio de ambos ejércitos y que pronto cambiaría a color rojo con la sangre de los muchos soldados caídos en batalla.
En los momentos previos a la batalla los hunos tenían mucha confianza en las predicciones de sus chamanes previas al combate, entonces Atila y su círculo inmediato de generales se reunieron en una tienda para escuchar esotéricos comentarios del futuro, luego de lanzar huesos de oveja y leer las formas que representan al caer, se predijo que ese día que Atila tendría la única derrota que contaría sus carrera, pero que en el bando contrario sería muerto su principal líder . Luego de discutir brevemente con su general más cercano Orestes, decidió entablar combate sin importar las consecuencias. Que se hubiera dicho si el orgulloso huno hubiera dado media vuelta con ¡600.000! hombres para salvarse del destino que impasible le esperaba, bueno eso para un hombre como Atila definitivamente no estaba permitido. El rey huno entonces dirigiéndose principalmente a sus guerreros hunos les arengó asegurándoles que aquel soldado que mostrara temor en batalla sería brutalmente castigado y su cuerpo sería devuelto en partes a su familia, esta amenaza fue aclamada por la multitud de 600.000 guerreros que ardían en deseos de combate.
Por el lado romano habían acaloradas discusiones entre visigodos y romanos por la muy probable traición que podrían afrontar por parte de los alános , entonces se optó por una solución salomónica quedarían los alános en el medio de las formaciones romanas y visigodas para asegurarse que cualquier intento de traición no cuente con ventaja estratégica alguna. Luego de zanjada esa discusión Flavio Aecio se dirigió hacia las otrora gloriosas legiones pero que hoy darían la última gran batalla que el mundo pudo presenciar, así les hablo: "Legionarios, ustedes son la última esperanza para un imperio que ha iluminado al mundo por más de 500 años, no dejéis que la barbarie llegue a conquistar nuestra sagrada ciudad , yo les prometo que moriré en este campo antes de verme derrotado, ¡Luchad por la grandiosa Roma de la que sois los últimos soldados valientes!!!. Por otro lado Teodorico alentaba a las tropas pidiéndoles que hagan el último esfuerzo por salvar sus tierras y familias de la devastación.
Las fuerza visigodas-romanas tenían una leve ventaja estratégica lograda por Aecio, habían logrado el control de las zonas altas y podían de ese modo minimizar el impacto de una carga de 100.000 jinetes hunos, además el terreno había sido preparado lo suficiente para evitar que los caballos maniobraran con facilidad. Por supuesto Atila comenzó la carga con 50.000 infantes de los pueblos conquistados que tenían por único objetivo ablandar las posiciones para una carga mayor de caballería. Las fuerzas se habían ordenado de la siguiente manera: a la izquierda los visigodos al mando de Teodorico compuesto casi íntegramente por infantería, en el centro el ejército aláno compuesto en su gran mayoría por arqueros a pie, y en el lado derecho las legiones al mando de Aecio y un regimiento de caballería al mando del heroico Valorus . La carga fue dirigida hacia los romanos que aguantaron firmes en sus posiciones, Aecio mando a reforzar las líneas preocupado por la próxima carga que sería mucho peor. Con lo que quedaba de la primera carga que volvían más el grueso de la caballería ostrogoda Atila ordenó cargar al centro y al flanco izquierdo de los visigodos, como era la mayoría infantes pensó muy fácil atravesar sus líneas con 30.000 jinetes, así mismo colocó a los hunos en posición para una carga frontal contra los romanos. Se pusieron entonces en movimiento 300.000 hombres para un carga total sobre la altura, al empezar el ataque la mayoría de los jinetes se vio obligada a desmontar debido a que mucho caballos se quebraron las piernas por la infinidad de trampas en el terreno, al ver eso Atila dudó un momento pero finalmente decidió lanzar a toda su caballería desmontada, esto es un error táctico porque es obvio que por lo menos un 50% de sus jinetes no eran hábiles peleando contra infantería especializada. La carga de los ostrogodos y aliados sobre los visigodos y alános fue terrible, el rey Teodorico peleaba en primera línea contra las incesante oleadas de soldados, entonces su gran heroísmo le costo caro una misteriosa flecha le atravesó por la espalda (raro porque estaba peleando de frente) y lo mató casi el instante, que la flecha haya sido disparada por sus propios soldados da para muchas especulaciones. En ese momento la defensa había sido virtualmente desecha pero su hijo Thoresmund recogió el cadáver de su padre y dirigiéndose a toda la reserva que aun no había entrado en acción fue coronado rey sucesor apuradamente y dirigió el mismo una carga general con todo lo que tenía.
Por el lado de los romanos Aecio intercambiaba aciertos y errores principalmente por su ignorancia de la situación que acaecía con respecto a sus aliados, no existe pruebas concretas pero muchos aseguraron que Aecio y Thoresmund tenían preparado aquel ardid que acabaría con un nuevo rey coronado en plena batalla. Atila por otra parte creyéndose ganador mando una carga de ayuda lanzada con las reservas que aún conservaba, al ver Aecio venir aquella masa auxiliar creyó perdida la batalla y ordenó una carga de caballería al mando de Valorus, y el mismo tomó a toda la reserva y la dirigió al combate. El combate entonces tuvo esa pequeña variable que puede cambiar el curso de la historia: lo alános se habían crecido en la refriega y habían ganado una altura desde la que disparaban una lluvia de flechas sobre los hunos que trataban de subir a la colina esto hizo que las fuerza romanas y visigodas tomarán más fuerza y masacraran a los que quedaron en medio. Atila al presenciar esto supo que la suerte estaba echada y ordenó una retirada general, un tanto sorprendidas las tropas visigodas-romanas iniciaron una desordenada persecución que se encargó personalmente Aecio de controlar. ¿Las razones? según muchos cronistas el general romano no quiso que a los Visigodos se les inflara el orgullo militar y decidieran tras esta batalla invadir Roma, entonces le "perdonó" la vida a Atila decisión de la que más tarde debió arrepentirse mucho (cuando al cabo de un año Atila invadió Italia ).
Por el lado de los hunos Atila había tomado la decisión de suicidarse en vez de correr el riesgo de ser capturado y además había dispuesto una gigantesca pira para que su cuerpo sea quemado y sus enemigos no hagan escarnio de él. Al final esta situación no llegó a darse porque nadie lo persiguió y el huno pudo perfectamente volver a sus dominios dejando tras sí pérdidas humanas de 120.000 muertos aproximadamente.
Lamentablemente Aecio no tuvo premio alguno por conseguir esa brillante victoria y luego de la muerte de Atila fue apuñalado en una reunión por el propio emperador (se creía que pretendía el trono) con lo cual se cerró para siempre la gran estela de los generales romanos, si es que cabe mencionarlo los amigos de Aecio encabezados por Valorus vengaron su muerte en un desfile apuñalando al emperador en frente de toda la ciudad, no pudiendo sin embargo frenar la ya por entonces acelerada caída del imperio romano.
En la batalla de los campos cataláunicos se calcula murieron 200.000, en su gran mayoría estos fueron godos de ambas clases ya que la mayoría de los hunos integrantes del ejército de Atila sobrevivieron porque disponían de sus rápidos caballos para escapar libres de riesgo.
En el 452 , en venganza, Atila penetró en Italia. Suponiendo la gran represalia que les esperaba a los romanos, desde Galia propusieron al emperador Valentiniano que trasladara la capital( Roma) y la instituyera en Galia, para mayor seguridad.
Pero el emperador se negó y prefirió resignarse.

Tras la conquista huna en el Norte de Italia donde arrasó Aquilea, Milán, Padua y otras ciudades, avanzando hacia Roma, temiendo que la capital fuera tomada en breve, Valentiniano III y Aecio deseaban pactar la paz. Éstos mandaron al Papa León I el Grande a hablar con Atila.
Fue un encuentro muy cordial, en el que Atila aceptó las condiciones y retrocedió, principalmente porque los hunos ya habían conseguido tantas riquezas en sus batallas que ni siquiera podían mover sus carretas ni proporcionar sitio para futuras ganancias.
MUERTE DE ATILA Y FINAL DEL IMPERIO HUNO
Tras el acuerdo con el Papa León I , los hunos volvieron a su lugar de origen, Panonia, y desde allí, Atila planeó con detalle la que sería su próxima conquista: Roma; y su nueva boda con Ilico , una joven y bella germana con la que contrajo matrimonio en el 453.
La mañana siguiente a su noche de bodas, Atila apareció muerto a causa de una hemorragia nasal que lo asfixió.
La muerte de Atila fue un duro golpe para su imperio y motivo de alegría para los romanos.
En día del entierro, los hunos se desgarraron la ropa, construyeron un dique en el río Volga y rodearon al difunto de sus mas preciadas pertenencias, de hierro (símbolo de su fuerza), oro y plata (símbolos de las dotes que recibían de sus conquistas)
A pesar de que los hijos de Atila intentaron hacerse con el poder, el imperio huno se descompuso rápidamente y en el 469 ya era sólo un recuerdo.
Una importante consecuencia de la invasión de Italia por Atila fue que algunos de los pueblos conquistados, especialmente los vénetos , del noreste de Italia, buscaron refugio entre las islas, pantanos y lagos en la cabecera del mar Adriático , y en ese lugar fundaron un Estado que con el paso del tiempo se convirtió en la República de Venecia .
Su figura impresionó extraordinariamente a sus contemporáneos.
Abusaba del terror y de las destrucciones sistemáticas como instrumentos políticos, pero también se valía de su astucia y empleaba pretextos diplomáticos para justificar sus acciones.
Le denominaban " el azote de Dios ", y él mismo pretendía que por donde pisaba su caballo no creciera jamás la hierba.
Sin embargo era un juez juicioso e íntegro para su gente, llevaba una vida sencilla. Era una persona supersticiosa y crédula, pero se supo rodear de escribas griegos, latinos y germanos que lo aconsejaban bien.
Los historiadores mitifican su persona. Su éxito en la batalla hizo que fuera un personaje muy odiado, asociado con el terror , la barbarie ...
Pero también hay teorías muy distintas que hablan de un buen líder, buen político y persona diplomática y justa.
Hay zonas, como Hungría, en la que es considerado como un héroe .

EL SANTO GRIAL

En busca del Santo Grial
E n el núcleo de la leyenda del rey Arturo está la búsqueda del Santo Grial, la copa en que bebió Jesús en la última cena y que supuestamente poseía milagrosos poderes curativos y regenerativos. Junto con la lanza usada por un soldado romano para herir el costado de Jesús crucificado, la copa fue dada a José de Arimatea, cuyos descendientes la trajeron a Inglaterra. Según la leyenda, uno de estos guardianes de las santas reliquias olvidó su voto sagrado y miró lascivamente a una mujer peregrina, por lo que la lanza cayó sobre él, provocándole una herida que no sanaría. Fue entonces cuando desapareció el Grial. Merlín envió un mensaje a Camelot, instruyendo a Arturo para iniciar la búsqueda de la copa perdida. Insinuó que pronto aparecería el caballero destinado a hallarla, Arturo y sus caballeros se reunieron en la mesa redonda en vísperas de la vigilia de Pentecostés, cuando un rayo y relámpagos anunciaron una visión del Santo Grial: estaba cubierto por una rica tela blanca mientras flotaba por el salón. Poco después, un anciano propuso a un candidato para el único lugar que en ese rnornento se encontraba desocupado de la mesa redonda: sir Galahad, hijo de Lancelot. Durante la búsqueda del Grial, los caballeros de la mesa redonda pasaron por muchas aventuras y rnuchas veces se les desafió a sacrificarse de modos que excedian sus posibilidades. Pero Lancelot fue finalmente rechazado por no poder olvidar su pasión prohibida hacia la reina Guinevere. Tal y como lo predijo Merlín, fue sir Galahad quien tuvo la fortuna de descubrir el Grial y tomar de él los sacramentos. Arrodillándose ante él, el joven caballero supo que había concluido la misión de su vida. Su alma fue llevada al cielo y su cuerpo yació muerto ante el altar. Dos años después de partir, los caballeros regresaron a Camelot para referir al rey su búsqueda y las aventuras que ocurrieron. La magia y la fantasía llenan de un color inconfundible la belleza de las legendarias aventuras. En otra versión de la historia, es sir Percival quien cumple la misión. Encuentra el vaso sagrado en el castillo de Monsalvat, en los Pirineos españoles, vigilado por Amfortas, rey de los caballeros del Santo Grial. Pero un hechicero ha herido a Arnfortas con la lanza de la crucifixión y el rey yace moribundo, rechazando los sacramentos de la Eucaristia debido a que sus pecados no han sido perdonados. Sólo cuando Percival cura la herida tocándola con la lanza, el Santo Grial aparece en el altar.

LA TABLA ESMERALDA




La Tabla de Esmeralda es un texto, atribuido al mítico Hermes Trismegisto, de caracter corto y críptico, y cuyo propósito es revelar el secreto de la sustancia primordial y sus transmutaciones. Hasta el siglo XX las fuentes más antiguas conocidas eran manuscritos medievales, pero investigaciones posteriores han hallado predecesores arábigos.

Propósito de la Tabla
En La Tabla de Esmeralda está condensado o resumido todo el arte de la Gran Obra, objetivo principal de la Alquimia.
La Alquimia es el arte del perfeccionamiento y la Gran Obra implica su cumplimiento, la perfección. La Tabla de Esmeralda contiene en sus pocas líneas el secreto de la Gran Obra, es un pasaje directo para la perfección.
Dicho mensaje es expresado de modo simbólico, su sola lectura no revela su significado. El acceso a la Gran Obra requiere trascender nuestra limitación racional, de ahí que todo alquimista conlleve una transmutación personal paralela que le permita acceder al lenguaje del Símbolo. El Todo, el Uno, tan solo se expresa simbólicamente, siendo necesario el aprendizaje en la Hermeneútica del Símbolo. De no ser así, su sola simplicidad generará incredulidad. La Razón aguarda complejidad ante lo complejo, mientras el Uno, el Ouroboros, se descubre ante la simplicidad de otra lectura, de otro lenguaje. En definitiva, la expresión críptica de la Tabla no es intencional sino que requiere de la persona adecuada, capacitada para la Gran Obra.

Análisis Filosófico
La Tabla de Esmeralda ve reflejada su esencia en el fundamento ontológico último de la Filosofía, en la finalidad del Ser. Apercibido el ser humano de su carencia y limitación vitales, se provee de un acercamiento perpetuo a la posibilidad de lo trascendente, lo eterno. Eternidad en la búsqueda de lo absoluto, aquella respuesta que satisfaga lo limitante y abrace al Universo. Saciedad de la inconformidad terrenal a través del encuentro con la esencia del Uno, del Todo, para poder ingresar en él, para formar parte de él. En definitiva, llegar a Ser la Totalidad que yá se Es.
La Tabla de Esmeralda es una vía directa para dicha finalidad, aquel que la entienda tiene el acceso directo al Todo, al Uno, al Universo, al Ouroboros.
Tanto la Ciencia como la Filosofía se originan vislumbrando en el horizonte la respuesta a la pregunta por el Uno, la Filosofía de la Ciencia tiene como propósito responder a dicha pregunta fundamental. Si bien la Tabla de Esmeralda conlleva una necesaria tendencia Holística yá olvidada en el transcurso de la historia, que contrasta con una marcada disociación en la metodología del saber contemporáneo, más fundamentada en una unidireccionalidad nihilista que en una integración de todos los opuestos de la existencia.

Contenido
Preceptos de Hermes Trismegisto:
I. Lo que digo no es ficticio, sino digno de crédito y cierto.
II. Lo que está más abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo. Actúan para cumplir los prodigios del Uno.
III. Como todas las cosas fueron creadas por la Palabra del Ser, así todas las cosas fueron creadas a imagen del Uno.
IV. Su padre es el Sol y su madre la Luna. El Viento lo lleva en su vientre. Su nodriza es la Tierra.
V. Es el padre de la Perfección en el mundo entero.
VI. Su poder es fuerte si se transforma en Tierra.
VII. Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, pero sé prudente y circunspecto cuando lo hagas.
VIII. Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez.
IX. Esto tiene más virtud que la Virtud misma, porque controla todas las cosas sutiles y penetra en todas las cosas sólidas.
X. Éste es el modo en que el mundo fue creado.
XI. Éste es el origen de los prodigios que se hallan aquí [¿o, que se han llevado a cabo?].
XII. Esto es por lo que soy llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la filosofía cósmica.
XIII. Lo que tuve que decir sobre el funcionamiento del Sol ha concluido.

ALQUIMISTAS

MAGIA Y SABIDURIA
Con una paciencia que casi no era de este mundo, el alquimista pasaba sus días intentando crear el homúnculo o buscando la fórmula química que lo hiciera invisible.

Por siglos, hombres y mujeres se estremecieron ante esta imagen: inclinado frente a una vasija de ágata que emite vapores densísimos y vistiendo extraños ropajes, un alquimista se desvela noche tras noche por conseguir la Piedra Filosofal que convertirá el plomo en oro. O por descubrir, al menos, la píldora de la inmortalidad. Habrá empezado por machacar la Materia Primera, Caos o Agente Mágico Universal: una sustancia pétrea de ardua recolección, usualmente oculta entre desechos pútridos y miasmas. Después, habrá introducido esa mezcla en un recipiente ovoidal (Huevo Filosófico) fabricado con cristales de gran pureza mediante procedimientos secretos. Con paciencia que no es de este mundo, el alquimista humedecerá luego ese preparado con el rocío primaveral cuya obtención sólo dominan los iniciados, para someterlo enseguida a la cocción en un horno o Atanor, cuyo fuego ha de ser regular y constante pero no excesivo, y jamás debe apagarse, ni de día ni de noche. Es un fuego secreto, Ignis Innaturalis, para alimentar el cual es decisiva una sal primordial, sintetizada por métodos químicos... Estará consumándose, de este modo, la Obra Magna de la alquimia, que incluye dos etapas fundamentales: la muerte y putrefacción de aquella sustancia primera, y más tarde "su resurrección en una forma nueva más noble y mejor".

Es decir, el químico-mago aspiraba a mejorar la creación, a superar la tarea de Dios. Nada menos. Todo ello, realizado de preferencia bajo el signo zodiacal de Aries y con la escolta de incesantes invocaciones místico-esotéricas.

Como culminación de la Gran Obra, estos taumaturgos soñaban obtener la Piedra Filosofal presuntamente capaz de transmutar, unos en otros, los elementos de la naturaleza: creían en efecto, que "todo está en todo, y es dable cosechar lo puro de lo impuro, lo alto de lo bajo, alcanzando por la vía la perfección oculta y la Redención Universal". No sólo eso: perseguían encontrar el Elixir de la Vida, o bien la Fuente de la Juventud. Otros aspiraban a objetivos más "modestos", como la creación del hombre artificial u homúnculo, o descubrir la fórmula de la invisibilidad, de la cuadratura

Del círculo y del movimiento perpetuo.

Para que no se piense que sólo se trata de creencias de la antigüedad, un volumen publicado en 1973 en Londres por el especialista Stamislas Klossowski De Rola asegura que el alquimista contemporáneo Armand Barbault consiguió, tras doce años de esfuerzo, lo que él llamó "el oro vegetal" o elixir de primer grado. Y acota De Rola: "Este elixir fue analizado por médicos suizos y alemanes, quienes lo sometieron a minuciosas pruebas de laboratorio. Se probó su enorme valor y eficacia, especialmente en el tratamiento de afecciones graves de riñón y corazón. Y aunque no fue posible analizarlo a fondo ni, por tanto, sintetizarlo, los científicos declararon que se hallaban en presencia de una materia en estado desconocido, con propiedades misteriosas. Mientras tanto, Barbault, con ayuda de su mujer y su hijo, continúa trabajando con el objetivo de obtener el elixir de segundo grado".

Idéntico afán movía en el siglo XII al mítico alquimista italiano Artefio, quien juraba haber alcanzado la edad de mil años y transmitió así su legado principal: "Cuando del mercurio, negro por la cocción, veas elevarse el color blanco, resplandeciente como una espada desnuda, será preciso continuar calcinando hasta que se manifieste la rojez centelleante, y en este momento cumbre la piedra filosofal aparecerá ante tus ojos".

Los alquimistas distinguían tres clases de fuego: tanto podía ser el originado por la acción del carbón sobre un horno o lámpara de aceite, como el húmedo procedente del baño de María, o sino el fuego sobrenatural provocado por la incandescencia del disolvente universal, el mercurio; pero si la combustión estaba una millonésima de grado por encima o por debajo de lo debido, todo se precipitaría al fracaso.

Más importante aún: dicho trabajo alquímico sólo podía ser factible uniendo en un verdadero "matrimonio contra natura" a dos principios opuestos. Uno de ellos solar, caliente y masculino: el azufre; y el otro lunar, frío y femenino: el mercurio. Dentro del mortero que se calienta, ambos "se morderán en forma cruel, y por su fuerte toxicidad y terrible ira nunca se sueltan, hasta que los dos acaban matándose y cociéndose en su propio veneno que, después de su muerte, los convierte en agua viva y eterna...", enseñaba en Paris y en el siglo XIV el legendario alquimista Nicolás Flamel.

A consecuencia de aquel combate tan mutilante y castrador como regenerador, se volatilizan y fijan vapores y sedimentos que van desde el negro a todos los colores imaginables: es la denominada "Cola de Pavo Real". Fenómenos no menos espectaculares acompañarían, se afirma, a la posterior sublimación y destilación, sujetas a reglas complejísimas que pueden insumir la vida entera. Por increíble que esto suene en la actualidad, el arte de la alquimia es casi tan antiguo como la civilización humana, y continuó una tradición enraizada en Caldea, en Grecia y en Egipto en el siglo IV A.c., alcanzando una primera edad dorada en Alejandría.

Se lo liga también, al taoísmo y el budismo tántrico: de hecho el primer tratado de alquimia conocido era chino, se tituló El Parentesco del Trío, y fue publicado en el siglo primero de nuestra era. Sin embargo, fueron los árabes los que transmitieron este arte a Europa y le dieron su nombre, anteponiendo a la palabra chemia (química) la partícula al.

Un caso inquietante fue el del francés Nicolás Flamel, quien en su obra El deseo deseado narra sus increíbles logros: primero, el 17 de enero de 1382 consiguió la conversión de media libra de mercurio en plata pura, "mucho mejor que la del minero".

Y el 25 de abril, con su hermosa mujer Pernelle, Flamel vio que su piedra filosofal blanquísima comenzó a despedir un fulgor rojo: poco después obtenía media libra "del oro más puro concebible".

Lo notable es que hay testimonios de viajeros que habían visto a los Flamel en distintos países, siglos después de que el sabio "fingiera" su muerte en 1418. Y Flamel recordó en su Thresor de Philosophie la teoría de los Cuatro Elementos aristotélicos (Fuego, Aire, Tierra, Agua) "que se transforman recíprocamente unos en otros". De allí también las maravillosas láminas de esos libros, donde la Obra era disimulada tras símbolos fascinantes: el hermafrodita que es la unión de los opuestos; el dragón que se muerde la cola u ouroboros señalando lo continuo del ciclo; el pelícano sangrante (Cristo); el amor incestuoso del mago con su "hermana mística"; la Rosa Blanca o etapa de purificación; Aries simbolizado por el carnero; el Sol (hombre) y la Luna (mujer) más los siete planetas, tutelando a los siete metales; leones y toros (la tierra), águilas y pájaros (el aire), peces (el agua), dragones y salamandras (el fuego), acosándose en total y perpetua revulsión.

Pero lo más trascendental de toda esta odisea es que los alquimistas fueron indudables precursores de la química, de la medicina vitalista y la antroposófica -basada en las teorías de Rudolf Steiner sobre las correspondencias entre organismos vegetales y animales y la unidad de la materia-, así como de la actual homeopatía a partir del principio del similibus curantur. Inclusive exploraron muchos principios matemáticos, astronómicos y -obviamente- astrológicos. Y qué decir de la física nuclear que hace realidad el sueño alquímico de la trasmutación. Por añadidura, psicólogos tan renombrados como Otto Rank y Carl Jung han reconocido que aquellos "hechiceros" se anticiparon cuatro siglos a las intuiciones del psicoanálisis y al subconsciente freudiano. Por eso, el viejo arte de la alquimia se ha reinstalado hoy, bajo otros enfoques, en el apasionado interés de muchos pensadores de este siglo.