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miércoles, 18 de febrero de 2009

NAHUAL


Esta entrada va dedicada en especial a los que firmaron
en mi libro de visitas haciendo alusion al tema.
suerte y fuerza en el camino correcto.
NAMASTÈ

Desde la época prehispánica se atribuye a los dioses de las culturas maya, azteca y tolteca, entre otras, la facultad de tomar la forma de un animal (nahual) para interactuar con los humanos. Normalmente cada dios tomaba una forma o dos, por ejemplo, el nahual de Tezcatlipoca era el jaguar, aunque usaba indistintamente la forma de coyote, y la de Huitzilopochtli era un colibrí.

Quetzalcóatl vs. Tezcatlipoca
Como se ha dicho antes, la influencia de los dioses en el mundo prehispánico era ejercida muchas veces en una forma animal que ponía a prueba a los viajeros. La mayor parte de estas historias están relacionadas con Tezcatlipoca en forma de coyote. Erróneamente se ha ligado a Quetzalcóatl, símbolo espiritual de religiones New Age, aunque este es más conocido en su faceta de hombre o rey gobernante que bajo una forma animal, acorde con el nombre de serpiente emplumada que lo identifica, sin implicar trato con los humanos bajo esa forma.

La interpretación popular de los nahuales
De acuerdo con algunas tradiciones, se dice que cada persona, al momento de nacer, tiene ya el espíritu de un animal, que se encarga de protegerlo y guiarlo. Estos espíritus, llamados nahuales, usualmente se manifiestan sólo como una imagen que aconseja en sueños, o con cierta afinidad al animal que nos tomó como protegidos. Una mujer cuyo nahual fuera un cenzontle tendrá una voz privilegiada para el canto.
Pero no todos tienen un contacto tan leve: se cree que los brujos y chamanes del centro del país pueden crear un vínculo muy cercano con sus nahuales, lo que les da una serie de ventajas que ellos saben aprovechar. La visión del gavilán, el olfato del lobo o el oído del ocelote pasan a ser herramienta de estos videntes, e incluso se afirma que algunos, más preparados, pueden hasta adquirir la forma de sus nahuales, y utilizar esta habilidad de diversas formas, no todas ellas bienintencionadas, según la tradición popular. En México, se les ha dado el nombre de nahuales a los brujos que "pueden" cambiar de forma.
Sin embargo, se cree que el contacto con sus nahuales es también común entre los chamanes que buscan el beneficio para su comunidad, aunque éstos no se valen de la capacidad de transformación. Para éstos, el nahual es una forma de introspección, que le permite a quien lo práctica tener un estrecho contacto con el mundo espiritual, gracias a lo cual encuentra con facilidad soluciones a muchos de los problemas que afligen a los que buscan su consejo. Un nahual es considerado como un conector de luz entre el intento y la tierra, en esencia dedica su vida por entero a la búsqueda del mundo espiritual.
Diferencias geográficas entre naguales/nahuales y chamanes
El Chamanismo como tal es un fenómeno global y el Nagualismo está enfocado a México, siendo conocido sobre todo por los libros de Carlos Castañeda. Al principio del libro "El arte de ensoñar", Carlos Castaneda aclara que la materia de los libros que escribe, es decir el material que maneja, no es literalmente "chamanismo." Los principales exponentes del estudio del chamanismo como Vitebsky, Mircea Eliade, Halifax y Wasson, mismos que explican claramente que el nahualismo es un fenómeno particular de México.
Sin embargo, el chamanismo como tal es un fenómeno ampliamente conocido, entre cuyos principales exponentes están los chamanes siberianos, paviotso, bantúes y afro americanos (ver Chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, de Mircea Eliade).
Ortografía
Debido a las raíces prehispánicas, suele utilizarse el término nahualismo con "h", derivados de las raíces etimológicas. La escritura de "nagualismo" con "g" se usa en relación a los escritos de Carlos Castaneda que popularizó el término, por lo que ambos son correctos. Sin embargo, los escritos gubernamentales o de dependencias oficiales del INAH usan el término con "h" (por ejemplo, las placas explicativas de los adornos de jade de la tumba siete de Monte Albán) utilizan el término con "h", por lo que debe considerarse este tema en trabajos académicos. En Guatemala el concepto es utilizado por varios pueblos mayas, en donde se escribe "nawal" (con "w"), en virtud de la manera maya de pronunciar este concepto.
Los toltecas y los naguales
El término nahual no puede estar ligado por fuentes escritas ni códices a los toltecas, siendo esto debido a que no hay fuentes escritas de los toltecas. La mayor parte de los comentarios que se hacen por parte de las sectas neotoltecas, se basan en asignar una relación a Quetzalcóatl con los nahuales, pero dejan de lado las referencias importantes de Laurette Sejournée (Pensamiento y relación en el México Antiguo, o el universo de Quetzalcóatl), así como los libros de Miguel León-Portilla sobre toltequidad, que presentan al tolteca como un término cultural. Las referencias anteriores a la conquista son escasas, y hay más de mayas que de toltecas.
Etimología del término
Nagual es la pronunciación arcaica y popular del término nahualli o nahual, perteneciente a la lengua náhuatl, derivado de la raíz Náu., 'doble'. Nagual significa 'doble, proyectado', y se refiere al aspecto metafísico o divino de la existencia. La enseñanza teórica y las técnicas de los naguales recibieron el nombre de nahuallōtl, 'nagualismo'.
Debido a los prejuicios de los cronistas españoles, los conceptos de "nagual" y "nagualismo" se suelen interpretar en términos peyorativos, como una superstición de los campesinos de México y países vecinos. Sin embargo, se conservan varias definiciones indígenas, las cuales demuestran que, en su origen, esta enseñanza posiblemente tenía un contenido espiritual. Las principales son las siguientes:
1ro. En una acepción filosófica, se empleaba el término Nahualli para describir aquella Totalidad de la cual proceden todos los Tonalli (tonales) o seres particulares, tal como vemos en la siguiente cita:
"Yohualli ehēcatl nahualli totecuhyo" (Códice Florentino, libro VI, metáfora 70), literalmente significa 'nuestro señor nagual "viento y tinieblas"'; la expresión "viento y tinieblas" es un difraísmo típico de la paremiología náhuatl que significa 'intangible', y esto se asocia más al dios Tezcatlipoca.
2do. Nahualli era el nombre de los sabios en general, como se nota en los términos Nahua, 'entendimiento', Nahualli, 'aquel que profundiza o penetra en las cosas', Nahuatilli, 'legislar, investigar, conocer', y Náhuatle, 'comprensible', nombre propio de la lengua.
"El nagual es un calculador de números, un médico" (Sahagún 10.30).
"El nahualli es sabio, sabe hablar, tiene en su interior un depósito (de energía), no forma parte de la unidad (humana), no hay quien lo burle ni lo sobrepase" (Códice Florentino).
"El buen nahualli tiene un corazón en su interior, es vigilante, atento, auxiliador, a nadie perjudica" (Códice Florentino).
3ro. En un sentido peyorativo, era el título que se daba a los chamanes o brujos.
"Este género de brujos nahualles son diferentes de las brujas de España. He oído muchos casos exquisitos y fuera de lo que se sabe de otras naciones y gentes acostumbradas a tener pacto con el demonio" (Alarcón, Tratado de las Idolatrías).
"Sabéis las cosas por venir... y sabéis todo cuanto pasa en el mundo. Os es patente lo que está dentro de los cerros y en el centro de la tierra. Veis lo que está debajo del agua, en las cavernas, en los agujeros y en las fuentes. Os llamáis hijos de la noche".

sábado, 5 de enero de 2008

EL MAGO DE TERRAMAR


La trama es básicamente la siguiente: Gavilán es un muchacho de la isla de Gont, en el mundo de Terramar. Desde niño queda claro que es un hechicero nato, tras salvar a su aldea de una invasión de kargos a la isla. Tras esta demostración de poder, es recogido por un sabio Mago, llamado Ogion, quien le da su nombre verdadero - Ged - y lo instruye en runas antiguas y otros conocimientos. Sin embargo, cierto día Ged acepta un desafío y va más allá de lo que puede controlar, siendo apenas salvado por Ogion, quien, percatándose de la ambición del muchacho, le da a escoger entre quedarse con él o ir a Roke, la isla de los Magos.
Habiendo elegido esta última opción, Ged llega a Roke, luego de un largo viaje desde el Puerto de Gont,donde es recibido por el Archimago Nemmerle, y donde aprende muchas nuevas cosas, la más importante de las cuales es que la magia no se hace a la ligera, sino que se hace cuidando de mantener algo que rige el mundo de Terramar: el Equilibrio.
Allí se hace amigos como Algarrobo, un alumno tres años mayor que él, pero también se hace enemigos, uno de los cuales, llamado Jaspe, lo desafía - quedando así en claro que el punto débil de Ged es su orgullo - a un duelo de invocaciones. Ged invoca al espíritu de Elfarran, una princesa de los años ya idos, pero sin quererlo abre una brecha entre el mundo de los vivos y los muertos, e invoca a otra cosa también, una sombra que salta de su espacio al de Terramar. Esto le cuesta a Ged una terrible cicatriz en la mejilla izquierda, y quedar inconsciente durante mucho tiempo. Cuando despierta, descubre que el Archimago murió cerrando esa brecha, y hay un nuevo Archimago en Roke, Gensher de Way.
Tras concluir sus estudios, el nuevo Archimago le da la opción de irse como hechicero a una pequeña isla que está siendo asolada por un dragón. Ged acepta gustoso, y se asienta en la isla, haciéndose amigo de un aldeano ordinario, lo que le devuelve cierta tranquilidad. Pero un día el hijo del aldeano enferma de gravedad, y aunque Ged intenta salvarlo, atravesando el muro que divide el mundo de los vivos del de los muertos, no puede conseguirlo porque se encuentra con la sombra, y el mismo Ged apenas consigue sobrevivir, siendo salvado por su mascota, un otak.
Amargado por esta experiencia, decide cumplir con su tarea original, y enfrenta al dragón, haciéndolo jurar que no atacará las islas, atándolo con un juramento sobre su nombre, pues no hay peor cosa en Terramar que el que un hechicero sepa tu verdadero nombre, ya que puede hacer contigo lo que quiera. Pero antes de eso, el dragón tienta a Ged, diciéndole que él puede decirle el nombre de aquello que dejó escapar. Ged duda por un momento, pero finalmente se sobrepone.
Así, trata de regresar a Roke, pero se encuentra con que Roke, que está protegida por vientos mágicos, no lo acepta, y debe buscar otro lugar. En el barco que toma, conoce a un mercader que le sugiere ir al norte, a Osskil, donde se encuentra La Corte Del Terrenón. A Ged se le hace raro todo esto, pero acechado por la sombra decide ir, sólo para darse cuenta de que ha caído en una trampa, pues la sombra se había apoderado del cuerpo del marinero que lo guiaba, y trata de apoderarse del cuerpo y los poderes de Ged. Con mucha dificultad, Ged consigue salvarse gracias a la intervención de una joven que había conocido en Gont - la misma que lo había desafiado por primera vez -, quien de nueva cuenta lo incita a usar su poder, esta vez para conseguir que la piedra que habla, el Terrenón, le diga el nombre de la sombra, y así pueda Ged controlarla. Pero Ged, que poco a poco va comprendiendo las cosas, decide que la piedra no le podrá decir lo que él quiere, y ante la furia del marido de la joven, quien era un hechicero perverso, escapa bajo la forma de un halcón, aunque la joven muere a manos de criaturas invocadas por la piedra, sobrevolando muchas leguas hasta llegar de nuevo a Re Albi, en Gont, el hogar de su antiguo maestro Ogion.
Ogion lo recibe, y aunque al principio no lo reconoce bajo la forma de halcón, consigue recordar el nombre de Ged, y al llamarlo por su nombre, recobra su forma humana. Tras pasar muchos días en recuperación, Ged comprende que nunca debió dejar Gont, pero ahora también entiende que debe encargarse de la sombra, y no solamente huir de ella. Ogion le da una nueva vara de hechicero, y su bendición, y así Ged se lanza a la caza de la sombra.
Sin embargo, su cacería es fallida. De hecho, Ged termina naufragando en unas islas muy lejanas, cerca de las Tierras de Kargad, llamadas Las Manos, y es salvado por una pareja de ancianos de origen kargo que ni siquiera saben hablar. Como puede, Ged les agradece las atenciones. Pero antes de irse, la anciana le hace un obsequio: la mitad de una especie de medallón. Ged lo recibe como si fuera cualquier cosa; posteriormente esta mitad de medallón lo llevará a la búsqueda del Anillo de Erreth-Akbé, en Las tumbas de Atuan.
Así, navegando en su barca llega al confín austral de Terramar, donde vive un viejo amigo suyo de Roke, Algarrobo, quien lo recibe y le cuenta que ha visto a la sombra, pero que él había pensado que se trataba del mismo Ged. Esto deja pensativo a Ged, quien se queda un tiempo con su amigo, y finalmente decide hacerse nuevamente a la mar. Esta vez, Algarrobo lo acompaña, y navegan más allá del confín austral, hasta que llegan a una tierra desconocida, con una playa invisible, donde Ged se enfrenta una vez más a la sombra. Pero esta vez, Ged se acerca, y dice el nombre de la sombra: "Ged". Y se funde con ella como si fuera un abrazo.
Algarrobo recoge el cuerpo de Ged, y lo sube a la barca, de regreso a las islas de Terramar. Cuando Ged despierta, Algarrobo teme que la sombra se haya apoderado de su amigo, pero al ver su mirada, comprende que se trata de Ged, quien llora liberado de una gran carga.
Los detalles de la trama y/o del argumento terminan aquí.

Análisis
Las historias de Terramar, y en general todas las novelas de Le Guin, tienen algo en común: hablan de las debilidades de las personas, y de la maduración que implica el superarlas. Ged es sólo un muchacho cuando llega a Roke, pero ya tiene un gran poder entre las manos. Sin embargo, también es impetuoso, y tal vez demasiado orgulloso, y son estos dos defectos los que terminan costándole la terrible cicatriz, que es una excelente forma de reflejar las marcas que dejan en nosotros las dificultades que hemos sorteado.
Pero aparte de ser un libro que cuenta la manera en que Ged madura, nos habla sobre algo muy importante: el equilibrio de las cosas en el mundo. Cuando Ged quiere abusar de su poder para invocar a un espíritu, no sabe (o sabe, pero en su orgullo lo ignora) que esta acción tiene una repercusión. Es algo muy "kármico", y no es para menos: Úrsula Le Guin es taoísta, y mantiene su congruencia sobre las reglas del mundo, que son las mismas que las del individuo, y del todo. La sustancia de las cosas es siempre la misma. La llegada de la sombra no es sino el reflejo del abuso del poder, no solo de Ged sino de todos aquellos que lo tienen sin estar plenamente conscientes de sus implicaciones. Quizás nadie lo está. Ged mismo, a lo largo del libro, nunca lo está del todo, pero al menos comienza a ver algo: por muy sabio que sea, no lo puede saber todo. Por eso se niega a hablarle a la piedra del Terrenón, porque sabe que cualquier cosa que le diga será a cambio de algo, y que para vencer a la sombra debe buscar dentro de sí mismo. Por eso, al final, Ged se funde en la playa invisible con la sombra, su sombra.

jueves, 3 de enero de 2008

ALQUIMISTAS

MAGIA Y SABIDURIA
Con una paciencia que casi no era de este mundo, el alquimista pasaba sus días intentando crear el homúnculo o buscando la fórmula química que lo hiciera invisible.

Por siglos, hombres y mujeres se estremecieron ante esta imagen: inclinado frente a una vasija de ágata que emite vapores densísimos y vistiendo extraños ropajes, un alquimista se desvela noche tras noche por conseguir la Piedra Filosofal que convertirá el plomo en oro. O por descubrir, al menos, la píldora de la inmortalidad. Habrá empezado por machacar la Materia Primera, Caos o Agente Mágico Universal: una sustancia pétrea de ardua recolección, usualmente oculta entre desechos pútridos y miasmas. Después, habrá introducido esa mezcla en un recipiente ovoidal (Huevo Filosófico) fabricado con cristales de gran pureza mediante procedimientos secretos. Con paciencia que no es de este mundo, el alquimista humedecerá luego ese preparado con el rocío primaveral cuya obtención sólo dominan los iniciados, para someterlo enseguida a la cocción en un horno o Atanor, cuyo fuego ha de ser regular y constante pero no excesivo, y jamás debe apagarse, ni de día ni de noche. Es un fuego secreto, Ignis Innaturalis, para alimentar el cual es decisiva una sal primordial, sintetizada por métodos químicos... Estará consumándose, de este modo, la Obra Magna de la alquimia, que incluye dos etapas fundamentales: la muerte y putrefacción de aquella sustancia primera, y más tarde "su resurrección en una forma nueva más noble y mejor".

Es decir, el químico-mago aspiraba a mejorar la creación, a superar la tarea de Dios. Nada menos. Todo ello, realizado de preferencia bajo el signo zodiacal de Aries y con la escolta de incesantes invocaciones místico-esotéricas.

Como culminación de la Gran Obra, estos taumaturgos soñaban obtener la Piedra Filosofal presuntamente capaz de transmutar, unos en otros, los elementos de la naturaleza: creían en efecto, que "todo está en todo, y es dable cosechar lo puro de lo impuro, lo alto de lo bajo, alcanzando por la vía la perfección oculta y la Redención Universal". No sólo eso: perseguían encontrar el Elixir de la Vida, o bien la Fuente de la Juventud. Otros aspiraban a objetivos más "modestos", como la creación del hombre artificial u homúnculo, o descubrir la fórmula de la invisibilidad, de la cuadratura

Del círculo y del movimiento perpetuo.

Para que no se piense que sólo se trata de creencias de la antigüedad, un volumen publicado en 1973 en Londres por el especialista Stamislas Klossowski De Rola asegura que el alquimista contemporáneo Armand Barbault consiguió, tras doce años de esfuerzo, lo que él llamó "el oro vegetal" o elixir de primer grado. Y acota De Rola: "Este elixir fue analizado por médicos suizos y alemanes, quienes lo sometieron a minuciosas pruebas de laboratorio. Se probó su enorme valor y eficacia, especialmente en el tratamiento de afecciones graves de riñón y corazón. Y aunque no fue posible analizarlo a fondo ni, por tanto, sintetizarlo, los científicos declararon que se hallaban en presencia de una materia en estado desconocido, con propiedades misteriosas. Mientras tanto, Barbault, con ayuda de su mujer y su hijo, continúa trabajando con el objetivo de obtener el elixir de segundo grado".

Idéntico afán movía en el siglo XII al mítico alquimista italiano Artefio, quien juraba haber alcanzado la edad de mil años y transmitió así su legado principal: "Cuando del mercurio, negro por la cocción, veas elevarse el color blanco, resplandeciente como una espada desnuda, será preciso continuar calcinando hasta que se manifieste la rojez centelleante, y en este momento cumbre la piedra filosofal aparecerá ante tus ojos".

Los alquimistas distinguían tres clases de fuego: tanto podía ser el originado por la acción del carbón sobre un horno o lámpara de aceite, como el húmedo procedente del baño de María, o sino el fuego sobrenatural provocado por la incandescencia del disolvente universal, el mercurio; pero si la combustión estaba una millonésima de grado por encima o por debajo de lo debido, todo se precipitaría al fracaso.

Más importante aún: dicho trabajo alquímico sólo podía ser factible uniendo en un verdadero "matrimonio contra natura" a dos principios opuestos. Uno de ellos solar, caliente y masculino: el azufre; y el otro lunar, frío y femenino: el mercurio. Dentro del mortero que se calienta, ambos "se morderán en forma cruel, y por su fuerte toxicidad y terrible ira nunca se sueltan, hasta que los dos acaban matándose y cociéndose en su propio veneno que, después de su muerte, los convierte en agua viva y eterna...", enseñaba en Paris y en el siglo XIV el legendario alquimista Nicolás Flamel.

A consecuencia de aquel combate tan mutilante y castrador como regenerador, se volatilizan y fijan vapores y sedimentos que van desde el negro a todos los colores imaginables: es la denominada "Cola de Pavo Real". Fenómenos no menos espectaculares acompañarían, se afirma, a la posterior sublimación y destilación, sujetas a reglas complejísimas que pueden insumir la vida entera. Por increíble que esto suene en la actualidad, el arte de la alquimia es casi tan antiguo como la civilización humana, y continuó una tradición enraizada en Caldea, en Grecia y en Egipto en el siglo IV A.c., alcanzando una primera edad dorada en Alejandría.

Se lo liga también, al taoísmo y el budismo tántrico: de hecho el primer tratado de alquimia conocido era chino, se tituló El Parentesco del Trío, y fue publicado en el siglo primero de nuestra era. Sin embargo, fueron los árabes los que transmitieron este arte a Europa y le dieron su nombre, anteponiendo a la palabra chemia (química) la partícula al.

Un caso inquietante fue el del francés Nicolás Flamel, quien en su obra El deseo deseado narra sus increíbles logros: primero, el 17 de enero de 1382 consiguió la conversión de media libra de mercurio en plata pura, "mucho mejor que la del minero".

Y el 25 de abril, con su hermosa mujer Pernelle, Flamel vio que su piedra filosofal blanquísima comenzó a despedir un fulgor rojo: poco después obtenía media libra "del oro más puro concebible".

Lo notable es que hay testimonios de viajeros que habían visto a los Flamel en distintos países, siglos después de que el sabio "fingiera" su muerte en 1418. Y Flamel recordó en su Thresor de Philosophie la teoría de los Cuatro Elementos aristotélicos (Fuego, Aire, Tierra, Agua) "que se transforman recíprocamente unos en otros". De allí también las maravillosas láminas de esos libros, donde la Obra era disimulada tras símbolos fascinantes: el hermafrodita que es la unión de los opuestos; el dragón que se muerde la cola u ouroboros señalando lo continuo del ciclo; el pelícano sangrante (Cristo); el amor incestuoso del mago con su "hermana mística"; la Rosa Blanca o etapa de purificación; Aries simbolizado por el carnero; el Sol (hombre) y la Luna (mujer) más los siete planetas, tutelando a los siete metales; leones y toros (la tierra), águilas y pájaros (el aire), peces (el agua), dragones y salamandras (el fuego), acosándose en total y perpetua revulsión.

Pero lo más trascendental de toda esta odisea es que los alquimistas fueron indudables precursores de la química, de la medicina vitalista y la antroposófica -basada en las teorías de Rudolf Steiner sobre las correspondencias entre organismos vegetales y animales y la unidad de la materia-, así como de la actual homeopatía a partir del principio del similibus curantur. Inclusive exploraron muchos principios matemáticos, astronómicos y -obviamente- astrológicos. Y qué decir de la física nuclear que hace realidad el sueño alquímico de la trasmutación. Por añadidura, psicólogos tan renombrados como Otto Rank y Carl Jung han reconocido que aquellos "hechiceros" se anticiparon cuatro siglos a las intuiciones del psicoanálisis y al subconsciente freudiano. Por eso, el viejo arte de la alquimia se ha reinstalado hoy, bajo otros enfoques, en el apasionado interés de muchos pensadores de este siglo.

sábado, 8 de diciembre de 2007

AMERGIN Y LOS DRUIDAS

El origen de los Druidas en Irlanda se remonta según los antiguos anales irlandeses a los primeros colonos del país, que pertenecieron a la tribu de Japhet.

Una de las colonias más importantes que habían venido a Irlanda era la de Milesian. Según las antiguas tradiciones, estas personas, pertenecientes también a la raza de Japhetian, pasaron desde Scythia a Grecia y luego a Egipto y a España y finalmente desde España a Irlanda donde llegaron doscientos años después de la conquista de Tuatha De Danann, aproximadamente el 1530 A.C. Durante el curso de todas las migraciones marinas, los Druidas desempeñaban un papel muy importante y entre ellos Caicher fue considerado el más importante... puesto que se dice que él predijo que Erinn (Antiguo nombre para Irlanda) era su último destino.

En su llegada a Irlanda, los principales druidas de los Milesianos eran Uar, Eithear y Amergin. Amergin era uno de los hermanos Milesianos apellidados Glungel. Era Poeta y Juez de la expedición, y un Druida muy conocido aunque no tenía profesión. El Leabhar Gabhala, o El Libro de las Invasiones, se refiere a Amergin como al primer Druida de los Gaélicos en Irlanda aunque él no era el único Druida conocido en Irlanda.

La primera colonia de Milesianos desembarcó en Kerry y pronto marchó hacia la Colina de Tara, el asiento de los Reyes de Irlanda, ocupada en ese momento por el Tuatha De Danann, que exigía la supremacía del país. Los reyes objetaron que no sabían nada sobre la invasión y si lo hubieran sabido, lo habrían impedido. Así que ellos plantearon dejar la decisión a Amergin.

Amergin decidió que él y sus amigos deberían regresar a sus naves y trasladarse a una distancia de nueve olas lejos de la tierra. Si fueran capaces de volver a tierra otra vez a pesar de De Danann, ellos conquistarían el país. En cuanto se trasladaron a la distancia fijada en el mar, los Druidas de De Danann provocaron una tempestad y la flota se dispersó. Una flota se dirigió al Sur y luego al Noreste de nuevo. La otra estaba en peligro debido a la tormenta así que Amergin, el poeta y estudioso de la flota, se levantó y pronunció una entonación druídica. Al final de la oración, la tormenta cesó y los Milesianos desembarcaron de nuevo. Era un jueves primero de mayo y el decimoséptimo día de la luna. Entonces, Amergin puso su pie derecho en la tierra de Irlanda y cantó otro poema en honor de la ciencia que le da más poder que los dioses de donde vino.
Yo soy el viento que sopla sobre las aguas;
Yo soy la ola del océano;
Yo soy el murmullo de las olas;
Yo soy el buey de los siete combates;
Yo soy el buitre en la montaña;
Yo soy una lágrima del sol;
Yo soy la más hermosa de las plantas;
Yo soy un valiente jabalí salvaje.
Yo soy un salmón en el agua.
Yo soy un lago de la llanura.
Yo soy la palabra certera;
Yo soy la lanza que hiere en la batalla;
Yo soy el dios que crea o forma en la cabeza del hombre el fuego del pensamiento.
¿Quién es el que ilumina la asamblea en la montaña, si no yo?
¿Quién conoce las edades de la luna, si no yo?
¿Quién muestra el lugar dónde el sol va a descansar si no yo?
¿Quién llama al ganado de la Casa de Tethra?
¿A quién sonríe el ganado de Tethra?
¿Por qué es el dios que forma encantamientos -
- el encantamiento de la batalla y el viento del cambio?
Leabhar Gabhala

Entonces después de tres días y tres noches, los Hijos de Mile empezaron su primera batalla contra Tuatha De Danann en un lugar llamado Sliab Mis, hoy día Slieve Mish está en el Condado de Cork.

En un Manuscrito galés del Siglo XIV encontramos un poema similar atribuido al bardo Taliesin, mejor conocido en la Saga Artúrica como Merlin.

Yo he sido un águila
Yo he sido madera en el soto
Yo he sido una espada en la empuñadura
Yo he sido un escudo en la batalla
Yo he sido una palabra entre las letras

Los dos cantos subrayan algunas creencias Druídicas y Célticas. Esta ciencia divina, penetrando los secretos de la naturaleza, descubriendo sus leyes era un ser idéntico a estas mismas fuerzas y mantener esta ciencia era mantener la naturaleza en un todo. El poeta de hecho es la palabra de la ciencia, él es el dios que concede al hombre el fuego del pensamiento, el poeta es la naturaleza, es el viento y las olas, los animales salvajes y el brazo del guerrero. Porque el poeta es la encarnación visible de la ciencia en forma humana. Él no sólo es hombre, sino también águila o buitre, árbol o planta, palabra, espada o lanza. Él es el viento que sopla en el mar, la ola del océano, el murmullo de las olas, el lago en el llano. Él es todo esto por que él es el ser universal, porque él tiene la custodia del tesoro de la ciencia y hay pruebas de que posee este tesoro. Por ejemplo, él sabe calcular las lunas, la base del calendario, por que él puede determinar las grandes asambleas populares. La astronomía no tiene ningún secreto para él, también puede saber (nadie más lo hace) donde va a descansar el sol. Él es la ciencia, es un poeta, es un soñador. Él es El Soñador.

LA LEYENDA DE MERLIN

Vortigern, quien era rey de la Gran Bretaña, deseaba construir una fortaleza en Snowdon. Para esto, llamó a albañiles de muchos lugares y les ordenó que construyeran una torre recia. Pero las piedras que los albañiles levantaban cada día, cada noche se derrumbaban y eran engullidas por la tierra.
Así, pues, Vortigern tuvo una asamblea con sus adivinos, los cuales le dijeron que tenía que buscar a un muchacho que no hubiera tenido nunca padre y que cuando lo encontrara debía matarlo y echar su sangre sobre los cimientos para que la torre se mantuviera firme. Vortigern envió mensajeros por todas las provincias a buscar a tal muchacho y, eventualmente, llegaron a un pueblo que después se llamó Carmarthen. Allí vieron a algunos muchachos que jugaban delante de la puerta y, sintiéndose cansados, se sentaron a mirar el juego. Finalmente, hacia el atardecer, surgió una disputa entre dos de los jóvenes, cuyos nombres eran Merlín y Dinabutius.
Durante la pelea se oyó que Dinabutius decía a Merlín: "¡Qué tonto eres si piensas que vas a ganarme! ¡Aquí me tienes a mí, nacido de sangre real, pero nadie conoce tus habilidades, porque nunca has tenido padre!" Cuando los mensajeros oyeron eso, preguntaron a los otros muchachos de quién podía ser Merlín y les contestaron que nadie conocía a su padre, pero que su madre era hija del rey de Gales del sur y vivía con las monjas en la iglesia de Saint Peter, dentro del mismo pueblo.
Los mensajeros apresaron a Merlín y a su madre y los llevaron ante el rey Vortigern. El rey recibió a la madre con todas las atenciones debidas a su nacimiento y le preguntó quién era el padre del muchacho. Ella contestó que no lo sabía: "Una vez -dijo-, cuando yo y mis damas estábamos en nuestras habitaciones, se me apareció alguien en forma de un hermoso joven, el cual, abrazándome y besándome, estuvo conmigo durante un rato, pero luego desapareció súbitamente. Volvió varias veces a hablar conmigo cuando estaba sola, pero no podía verlo. Después de haberme rondado de aquella manera durante largo tiempo, se acostó conmigo en forma de hombre y luego me dejó grávida con un niño". El rey, asombrado ante aquellas palabras, preguntó a Maugantius, su adivino, si aquella historia podía ser cierta. Maugantius le aseguró que tales cosas eran bien conocidas y que Merlín debía haber sido engendrado por uno de los espíritus que viven entre la luna y la tierra, que nosotros llamamos íncubos.
Merlín, que lo había escuchado todo, preguntó si se le permitía enfrentarse con los hechiceros. "Ordena a los adivinos -dijo- que vengan ante mí y les convenceré de que han dicho una mentira". El rey, sorprendido por la intrepidez del joven y por su aparente falta de temor, hizo lo que éste le pedía y mandó llamar a los magos, a los que Merlín habló como sigue: "Ya que no habéis sabido descubrir la causa de que los fundamentos de la torre se derrumben cada noche, habéis aconsejado que la argamasa sea mezclada con mi sangre y así la torre se mantendrá en pie. Ahora, decidme, ¿qué hay debajo de los fundamentos?; porque algo debe haber que les impida aguantarse." Pero los adivinos, temerosos de demostrar su ignorancia, le concedieron la paz. Entonces Merlín (cuyo otro nombre era Ambrosius) dijo al rey: "Mi señor rey, llama a los trabajadores y ordénales que caven debajo de la torre, en donde encontrarán un lago que es lo que impide que las paredes se mantengan en pie." Así se hizo y se encontró el lago. Entonces Merlín ordenó que el lago fuera drenado; dos piedras, dijo, serían encontradas en el fondo: eran dos dragones, uno rojo y otro blanco, que permanecían dormidos. Cuando el lago fue secado y descubrieron las dos piedras, los dragones despertaron y empezaron a luchar entre sí con gran ferocidad, hasta que el rojo venció y mató al blanco. El rey, asustado, preguntó a Merlín el significado de aquella visión y Merlín, levantando sus ojos al cielo, profetizó la llegada de Ambrosius y la muerte de Vortigern. A la mañana siguiente, al alba, Aurelius Ambrosius desembarcaba en Totnes, Devon.
Después de que Ambrosius venciera a Vortigern y a los sajones, fue coronado rey y mandó llamar a artesanos de todos los lugares y les pidió que proyectaran una nueva clase de construcción que pudiera durar siempre como un memorial. Ninguno de ellos fue capaz de ayudarle, hasta que Tremorinus, arzobispo de Caerleon, sugirió que el rey debía llamar a Merlín, el profeta de Vortigern, el hombre más inteligente de todo el reino, tanto en profecías como en diseños de máquinas y artificios. Ambrosius envió a sus mensajeros, que encontraron a Merlín en Gwent, en la fuente de Galapas, donbde vivía. El rey lo recibió con honor y primeramente le pidió que le predijera el futuro, pero Merlín replicó: "Misterios de esta clase no pueden ser revelados excepto en casos de gran necesidad, porque si los pronunciara con ligereza o para hacer reír, el espíritu que me los enseña permanecería mudo y no me ayudaría en el momento necesario". Entonces el rey le preguntó acerca del monumento, pero cuando Merlín le aconsejó que fuera a buscar la Danza de los Gigantes que está en Killare, una montaña de Irlanda, Ambrosius se rió, diciendo que era imposible mover unas piedras que todo el mundo sabía que habían sido colocadas allí por gigantes. Posteriormente, el rey fue convencido para que mandara a su hermano Uther, con quince mil hombres, a combatir a Gilloman, rey de Irlanda, y traer la Danza. El ejército de Uther ganó, pero cuando intentaron desmantelar el círculo gigante de Killare y traer las piedras a la Gran Bretaña, no pudieron moverlas. Cuando finalmente se confesaron incapaces, Merín reunió sus mecanismos y tumbó las piedras fácilmente, las cargó en barcos y las trajo al lugar cerca de Amesbury, donde debían ser colocadas. Allí, Merlín de nuevo instaló sus máquinas y levantó la Danza de Killare exactamente como estaba en Irlanda. Pero después apareció una gran estrella que parecía un dragón y Merlín, sabiendo que aquello significaba la muerte de Ambrosius, lloró amargamente y profetizó que Uther sería rey bajo el signo del Dragón y que de él nacería un hijo que obtendría gran dominio y cuyo poder se extendería por todos los reinos que yacían bajo los rayos de la estrella.
La Pascua siguiente, en la fiesta de coronación, el rey Uther se enamoró de Ygraine, esposa de Gorlois, duque de Cornualles. Le prodigó toda clase de atenciones, para escándalo de la corte; de ella no obtuvo ninguna respuesta, pero su esposo se retiró furioso de la corte sin permiso, llevándose a su esposa y a sus guerreros a su país, Cornualles.
Uther, encolerizado, le mandó volver, pero Gorlois se negó a obedecer. Entonces el rey, airado sin medida, reunió un ejército y marchó sobre Cornualles, quemando ciudades y castillos. Gorlois no tenía suficientes tropas para hacerle frente y, por consiguiente, llevó a su esposa al castillo de Tintagel, el refugio más seguro, y él, en persona, se preparó para defender el castillo de Dimilioc. Uther sitió inmediatamente Dimilioc, manteniendo a Gorlois y a sus tropas atrapados allí, mientras que buscaba algún medio de llegar a Tintagel para raptar a Ygraine. Al cabo de algunos días pidió consejo a uno de sus familiares llamado Ulfin. "Tienes que aconsejarme de qué manera puedo satisfacer mi deseo -dijo el rey-, porque si no lo hago, moriré de mi secreta ansiedad". Ulfin, diciendo lo que el rey ya sabía -que Tintagel era inexpugnable-, sugirió que se llamara a Merlín. Merlín, conmovido por el sufrimiento del rey, prometió ayudarle. Con sus artes mágicas cambió la apariencia de Uther en la de Gorlois, Ulfin en la de Jordan, el amigo de Gorlois, y él mismo en Birthael, uno de los capitanes de Gorlois. Los tres cabalgaron hasta Tintagel y fueron admitidos por el portero. Ygraine, tomando a Uther por su esposo el duque, le dio la bienvenido y lo llevó a su cama. Así, Uther holgó con Ygraine aquella noche, y ésta no le negó ningún deseo. Aquella noche fue concebido Arturo, el oso domado.
Pero en el entretanto, se desarrollaba una batalla en Dimilioc, y Gorlois, que se aventuró a atacar, fue muerto. Llegaron mensajeros a Tintagel para decir a Ygraine que su esposo había muerto. Cuando se encontraron con que "Gorlois" todavía vivía y estaba encerrado con Ygraine, se quedaron sin habla, pero luego el rey confesó el engaño y unos días después se casaba con Ygraine.
Uther Pendragón reinó quince años más.
Durante aquel tiempo no vio ni una sola vez a su hijo Arturo, el cual, la misma noche de su nacimiento, fue llevado a la puerta secreta de Tintagel y entregado a Merlín, quien cuidó al niño en secreto hasta que llegó la hora de que Arturo tenía que heredar el trono de la Gran Bretaña. Durante el largo reinado de Arturo, Merlín le aconsejó y le ayudó. Pero esto es parte de otra historia que será entregada más adelante.
Cuando Merlín era ya un hombre viejo, se enamoró ciegamente de una muchacha, Vivian, que le convenció de que le enseñara todas sus artes mágicas como pago de su amor. Cuando lo hubo hecho, ella lo hechizó y lo dejó atado y dormido; unos dicen que en una gruta cerca de una cueva de cristal, y otros aseguran que está oculto por una aureola de aire que le rodea.
La Leyenda señala, aunque no muy específicamente, que Merlín despertará cuando despierte el rey Arturo, y volverá en el momento en que su país lo necesite.
Kirkaldi